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jueves, 25 de julio de 2013

Los frutos de la belleza

Ella no era fea. Tenía un buen cuerpo labrado por un arduo trabajo en el campo, sus manos esculpidas por el azadón culminaban en unos dedos muy finos pero desgastados, con las uñas ennegrecidas por la sangre y la tierra; sus piernas eran fuertes, torneadas gracias a las largas caminatas, aunque sus pies no habían conocido jamás la bendición de unas suelas acolchonadas; sus caderas parecían un regalo hecho por los dioses, podría decirse que eran biológicamente aptas para la procreación; sus voluminosos pechos se veían oprimidos por una venda para evitar llamar la atención; sus greñas, sucias y enredadas, rara vez caían por debajo de sus hombros; su rostro, escondido bajo las capas de tierra adherida a la piel gracias al sudor, podía haber doblegado la voluntad de cualquiera que se atreviera a desenterrarlo. Pero sus ojos... tenía ojos profundos en los que es fácil perderse y no salir jamás.

Ángeles había visto correr ya poco más de veinte inviernos y había padecido la mala suerte de Psique, o al menos eso parecía. Huérfana de nacimiento tuvo que encontrar la manera de proveerse el sustento por sus propios medios. Jamás asistió a la escuela, nunca nadie reclamó algún parentesco o relación filial, no se le conoció nunca un pretendiente. La gente del pueblo huía de su presencia. No es que su aspecto desaliñado causara una impresión fuera de lo común, era más bien que el brillo de sus ojos causaba desconcierto e intranquilidad. La belleza de su mirada tenía algo que no les parecía humano y desconfiaban de ella. Nadie jamás la había visto sonreír.

Dormía en una casa abandonada en los límites del pueblo. Por la mañana cultivaba el maíz, por las noches cazaba tlacuaches y conejos. Dormía por las tardes. Alguna vez un niño curioso reunió a un grupo de valientes camaradas que lo acompañaron a espiar a la muchacha por la noche. La encontraron cerca de la media noche: greñuda, sucia y desollando un animal. La noticia se propagó rápidamente en el pueblo: “Tiene un pacto con el diablo y le sacrifica animales, por eso tiene esa mirada tan escalofriante, es una bruja”.

La intrépida hazaña de los infantes les ganó el mote de “los valientes” entre sus coetáneos, y también trajo una reclusión mayor para Ángeles, a quien ya no se atrevían ni siquiera a dirigirle un saludo. No es que realmente le extrañara, pero tal falta de contacto con otro ser humano fue aniquilando poco a poco su espíritu. “Los Valientes” se encargaron de hacer la historia de “la bruja Ángeles” cada vez mayor y las palabras llegaban a la muchacha arrastradas por el viento, pues jamás hubo alguien que se atreviera a acercarse a gritarle “bruja” en la cara.

Para Ángeles la vida transcurría igual que la de un animal. No había recibido jamás una muestra de afecto, de comprensión, de cariño. Sabía hablar, pero nadie hablaba con ella. Sin embargo, era capaz de entender las palabras, y su cerebro estaba tan agrietado que ya había perdido incluso la capacidad de llorar.

¿Por qué Ángeles jamás se fue del pueblo? La respuesta a esa pregunta podría ser tan mítica como las respuestas a tantas preguntas que la gente se hacía: ¿Cómo sobrevivió sus primeros años de vida? ¿Quién le enseñó a cultivar el maíz? ¿Cómo se proveía con las herramientas necesarias para trabajar la tierra? Son cosas que nadie supo responder, y en su momento le atribuyeron tal obra a Satanás.

Tal vez jamás pensó que podía ir a otro lado, tal vez nunca imaginó que fuera de ahí las cosas podían ser diferentes. Lo cierto es que una noche salió de la casa abandonada con el cuerpo totalmente desnudo. Caminó con paso firme con una cuerda en la mano, buscó un árbol que le pareció apropiado, hizo un nudo alrededor de su cuello y puso fin a su vida.

Sucedió, sin embargo, un fenómeno curioso. Mientras la cuerda alrededor de su cuello cortaba el flujo de aire y le iba coartando la vida, Ángeles experimentó un gran alivio al sentir que abandonaba la vida y finalmente sonrió. Sus músculos tensos, ya sin vida, conservaron el cadáver sonriente de aquella mujer hermosa. A la mañana siguiente, cuando los primeros pobladores encontraron el cuerpo pendiente de un árbol pudieron contemplar su maravillosa sonrisa. Sus ojos, con la mirada fija, irradiaban todavía un hálito vital que sorprendió a todos. Estaban parados ante una auténtica obra de arte. Se escuchó pronunciar a algún muchacho del pueblo “ella no era fea”.

Los pueblerinos comprendieron que tal belleza no podía proceder de Satanás, que ese era un milagro de Dios. El artista del pueblo inmortalizó aquella imagen en un lienzo, aunque el pudor lo obligó a vestir la imagen con un hermoso hábito de color rojo, que simbolizaba la sangre de la víctima. A pesar de que Ángeles había elegido un árbol seco, casi tétrico, el artista dibujó un árbol frondoso.

Ella de alguna manera comprendió que había algo de eterno en la muerte y no quiso pasar desapercibida. Eligió ese árbol seco, porque en lo más profundo de su ser comprendió que ella era semejante a aquel árbol: Estaba de pie, pero no tenía vida; y quiso mostrar eso a quien tuviera ojos para verlo.


La tradición del pueblo erigió una iglesia en honor de la Ángeles Mártir, que murió colgada al defender fervientemente el cristianismo. Tuvo una vida de total entrega a Dios y vivió siempre para ayudar a su prójimo. El árbol en el que murió se cubrió de flores, fue una manifestación divina de la entrada de Ángeles a las puertas del cielo. El árbol da los frutos más dulces y más jugosos de todo el pueblo, sin embargo es una fruta sagrada y nadie debe comerla, pues esos frutos solo se ofrecen a Dios.

viernes, 8 de junio de 2012

Movimiento ciudadano

En alguna colonia de Iztapalapa hace algún tiempo comenzó a surgir un movimiento ciudadano que no tuvo una gran repercusión, de hecho se olvidó pronto, tan pronto que mucha gente ni siquiera se enteró de su existencia.

Todo comenzó cuando un señor –quien rondaba ya los 35 años–, cansado de los constantes asaltos y demás actos ilícitos cometidos en su colonia, harto ya de quejarse ante la policía y no obtener ningún resultado, decidió hacer algo al respecto. Sin pensarlo mucho se reunió con algunos amigos de la misma localidad y decidieron formar una patrulla civil de vigilancia continua. Al principio era un proyecto sencillo, se instalaron algunas cámaras en secreto y se hizo una red de video que era vigilada las 24 horas por los 15 o 20 participantes del proyecto. Al detectar a alguien sospechoso, o ver algún asalto, robo de automóviles, pelea callejera o lo que fuera procedían a llamar a la policía. Esta tardaba unos 20 minutos en llegar y entonces todo seguía como si nada.

Al ver que su patrulla vigilante no estaba dando ningún resultado favorable, procedieron a conseguir algunas armas. Todo se manejaba en secreto y buscaron ser completamente discretos, algo que, con una excelente organización, lograron. Detectaban a los maleantes a través de sus cámaras ocultas, y desde alguna posición ventajosa les disparaban a matar, sin que hubiera testigos, o evidencia alguna que los inculpara. El hecho dio mucho material a los periódicos amarillistas que gastaban todo su ingenio en nuevos encabezados como “Se echaron otro en Iztapalapa” o “Aparece otro muerto”.

Como un muerto no era nada del otro mundo, la gente común no sospechaba absolutamente nada. Para ellos la vida seguía sin alteraciones. Realmente no se percataban de que la delincuencia había disminuido drásticamente en esa colonia. Simplemente llegaban a sus casas, temerosos como siempre, salían de sus casas igualmente temerosos. Quizá ni siquiera se daban cuenta de que ya ningún vecino se había quejado de que le hubieran robado su celular. Ya no era tan frecuente escuchar “secuestraron al vecino del 32” o “le quitaron su carro a la del 70 mientras lo estacionaba”. Sin embargo el leer en los periódicos que se encontraban nuevos muertos casi cada semana en su colonia, los hacía pensar que podían ser los próximos, porque realmente no sabían de dónde eran esos muertos o por que los habían matado.

Los que sí se dieron cuenta de inmediato que algo estaba mal fueron los maleantes. Sufrieron grandes bajas en sus filas, tampoco se registraban las ganancias habituales. Comenzaron a movilizarse, pero la patrulla vigilante era en verdad muy discreta, así que los delincuentes realmente comenzaron a temer. Ya no querían entrar a esa colonia porque sabían que era peligroso “trabajar” ahí. Lo de menos hubiera sido simplemente dejar a esa colonia libre de delincuencia y mudarse a alguna otra, pero su preocupación iba más allá. Ellos sabían que no era la policía, porque estos, con algunas mordidas, los dejaban actuar libremente. Su preocupación era el “¿Qué tal si se enteran en otras colonias lo que está pasando y nos van cerrando el paso hasta exterminarnos a todos?” Por ello no tardaron en quejarse ante las autoridades.

La policía, al enterarse de lo que estaba pasando, decidió que debían actuar. No podían dejar suelto por esa colonia a un asesino serial, se consideraba peligroso y era importante acabar con él cuanto antes. Así que policías y ladrones actuaron en conjunto. Llamaron a las fuerzas especiales, los policías, disfrazados de ladrones, se metieron a “asaltar” a la colonia. Obviamente con un grupo tan especializado no tardaron prácticamente nada en descubrir el movimiento y erradicarlo por completo.

Los que integraban la pequeña patrulla de vigilancia desaparecieron misteriosamente, jamás se volvió a saber de ellos. En aquella colonia se terminaron los cadáveres semanales y se volvió a los asaltos habituales y no se ha vuelto a saber de otro intento de movimiento ciudadano, ni ahí ni en otra parte de la ciudad.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Atrapado

A veces me da por pensar que puedo meterme en los pensamientos de alguien más. Esa idea vaga va tomando forma lentamente hasta que de pronto… voila! Fue precisamente así cómo llegué a adentrarme en los pensamientos de Sebastián.

Verán, Sebastián es una persona que, desde muy pequeña, tuvo grandes dificultades para relacionarse con el mundo. No es precisamente que haya sido autista, simplemente introvertido. Comprenderán que me fue un tanto complicado poder entablar una relación con él, más una relación que me permitiera entrometerme en sus pensamientos. Sin embargo, una cierta afinidad “electiva” (como diría Goethe) nos atrajo desde el principio. Tal vez Sebastián vio en mí a esa persona que era capaz de entender lo que él pretendía expresar. Trataré de explicarme mejor.

Sebastián fue uno de esos niños curiosos que le dio por preguntar aquellas preguntas sin respuesta que dejan perplejos a los padres. Cosas como ¿de qué color es el alma? o ¿cuánto cuesta la libertad? eran las interrogantes que se gestaban en la mente del pequeño. Sus padres, asustados y sin saber qué responder, simplemente fingían que tal pregunta no existía. Si encontrar respuestas en el seno familiar, el pequeño intentaba en otros círculos, como con su profesora de educación primaria o con sus compañeros del grupo. La profesora no tenía ningún interés en el alma –lo cual era bastante razonable porque, cuando uno apenas se puede llenar el estómago, no tiene interés en ver por su espíritu– y sus compañeros estaban más interesados en la nueva caricatura que en el valor de la libertad. Estas diferencias ideológicas no tardaron más de un año en abrir una enorme brecha entre Sebastián y el resto de sus conocidos.

Yo lo conocí cuando él ya era un joven. Fue una simple casualidad. Todo surgió a partir de una idea mía. Aquella tarde se me ocurrió que sería agradable encontrar algún extraño en un café, o alguna librería, o simplemente caminando por la banqueta, saludarlo, hacer conversación y terminar haciendo un amigo. Ideas como aquellas suelen surcar mis pensamientos a menudo. Pues sucedió que, mientras caminaba por la calle, mi vista se encontró con la de Sebastián. Tal vez fue la inseguridad en sus ojos la que me llevó a aproximarme y decirle “buenas tardes”. O tal vez fue la belleza de su persona. Iba vestido de manera elegante, pero a la antigua usanza. Parecía un caballero europeo de antes de la primera guerra. Llevaba capa y sombrero, algo poco usual para nuestra cálida ciudad. Aquella tarde hacía frío, es cierto, sin embargo, una gabardina ya es extraña, cuanto más una indumentaria completa para la lluvia. Él me miró con extrañeza. Yo no pude contenerme y le dije “por alguna extraña razón, que no alcanzo a comprender, al mirarlo no pude evitar pensar en Nietzsche”. Él sonrió, su sonrisa fue cautivadora, entre sincera e irónica. Como quien recibe un halago muy especial, se lo toma en serio, pero esa seriedad lo hace sonrojarse por sentirse poco meritorio. “El eterno retorno” me dijo. Y fue así como comenzó todo.

Un día se presentó Sebastián ante mi puerta, llamó y, nada más al abrir yo, me dijo:

–La primera vez que leí la frase de Sartre de “el hombre está condenado a ser libre” pensé que era la más bella del mundo. Creí en la libertad, y creí en sus palabras. Somos libres, porque siempre tenemos al menos dos opciones para elegir. Somos libres a pesar de que no queramos ser libres. Somos libres hasta si decidimos no serlo y nos entregamos a una esclavitud voluntaria. Me gustó la idea de la libertad, la libertad de expresión, la libertad de movimiento, la libertad de pensamiento, esa fue la que más llamó mi atención. Pensé que podrían privarme de mi libertad, por ejemplo, si me encarcelaban. Pero no podrían quitarme mi libertad de pensamiento. Mi pensamiento sería siempre libre porque, finalmente, estaba dentro de mí, y en mi cabeza yo podía pensar todo lo que yo quisiera, no habría nadie que pudiera impedir que yo pensara. Al menos eso creí al principio. Así fue como me distancié de Nietzsche, porque su eterno retorno no da cabida a la libertad, porque sería una libertad aparente. Yo pensaría que soy libre, y este pensamiento se repetiría una infinidad de veces en un “yo” posterior y en todos los “yo” anteriores. Así que me divorcié para siempre del alemán para apegarme al francés. Sin embargo, hoy vengo con gran angustia, pues me di cuenta de que la libertad no es más que una ilusión, además es una ilusión irrisoria. Estamos atrapados. Nuestra alma está presa en el cuerpo, éste a su vez está atrapado en el mundo. No podemos salir de ahí. Y me refugié entonces en la libertad de pensamiento. Pero es tan triste darme cuenta, sigo atrapado, atrapado por las palabras. Mi pensamiento está acotado por el lenguaje. No puedo articular un solo pensamiento sin prescindir del lenguaje. Aprendí otros idiomas, otras formas de expresarme, y ciertamente eso hace mi prisión más amplia, pero no me libera. Es como si simplemente me trasladaran de una prisión nacional a una extranjera. Las ideas están clavadas en el papel que las contiene, en el aire que las lleva de una cabeza a otra. Las palabras son como los barrotes que, encarcelando frases entre comas o paréntesis, van aplastando la libertad de los pensamientos.

Después de decir eso Sebastián dio media vuelta y se fue. Jamás lo volví a ver, ni a saber nada de él. Pero sus pensamientos se incrustaron profundamente en mí. Ahora me siento encarcelado en una cárcel que no es la mía, estoy atrapado en la prisión de Sebastián. En una prisión hecha de lenguaje, en encrucijadas creadas por oraciones rimbombantes. Ahora ya no sé qué más decir, porque entre más cosas digo, más y más me voy sumiendo en la cárcel, más y más me voy emparedando yo solo.

Algunos tal vez comprendan que todo surgió por la idea de Sebastián…

jueves, 6 de octubre de 2011

Esquizofrenia (10/10)

Cuando Ernust despertó, alcanzó a ver la silueta de una linda joven que había dejado una flor morada en un florero que estaba en una mesita junto a la cama, luego sólo pudo ver cómo salía de la habitación y se alejaba. No estuvo consiente durante mucho rato, casi de inmediato volvió a dormir.
Ernust despertó un tanto más recuperado. Había un par de doctores a su lado que revisaban minuciosamente su expediente. “Tiene múltiples fracturas en las costillas, tardará un poco en recuperarse”, pudo escuchar Ernust que le decía un doctor al otro. Ernust sentía dolor en todo el cuerpo. “¿Dónde estoy?” preguntó.

–Está usted en el hospital jovencito, no sé qué fue exactamente lo que le pasó, pero tiene varios huesos rotos.
–Doctor ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
–Tres días, ha estado inconsciente.

Ernust miró la mesita junto a la cama, y pudo ver la flor morada dentro del florero. Entonces quiso saber si había recibido visitas. El doctor le dijo que no, nadie lo había ido a ver.

Ernust miró la flor morada y comenzó a reír frenéticamente y su risa le causó un profundo dolor en todas las partes de su cuerpo.

Esquizofrenia (9/10)

¿Qué significaba todo aquello? ¿Qué había soñado que le había despertado de esa manera tan abrupta? Sintió miedo, miedo de la soledad, miedo de la oscuridad fuera de su iluminada habitación. Tenía una extraña sensación, como de haber vivido ya aquel momento de su vida. Se levantó temblando de frío. Se dio un buen baño con agua caliente mientras intentaba recordar que era lo que había soñado. Sabía que tenía que hacer algo, pero no recordaba qué. Terminó de bañarse. De mala gana tomó el desayuno. Encendió el estéreo. Su disco de Mozart seguía ahí y se inició automáticamente. ¡Cómo disfrutaba aquellos acordes del Réquiem!

Salió de su casa y cerró tras de sí la puerta con llave. Caminó lentamente hacia la escuela. No quería entrar a clases, estaba muy intranquilo. Llegó tarde a la escuela, lo cual lo animó a no entrar a la primera clase. Se fue al jardín de la escuela, le gustaba estar ahí por alguna extraña razón. Se sentó en una banca y miró un frondoso árbol que por alguna razón llamó su atención. Se parecía mucho al árbol del dibujo que estaba en su pared. “Mirada de fuego” pensó. Recordó a su amiga Ophrys. Sacó una hoja de su mochila y escribió una carta para ella.

Ophrys,

No sé exactamente qué es lo que me pasa. Mis sueños han sido intranquilos, pero al despertar no puedo recordar que fue lo que soñé. Tengo una extraña sensación de haber vivido algo, algo importante, algo que tal vez no quiera recordar. A veces me siento tan extraño de estar aquí, de vivir este momento. Mucho he sufrido. Ya estoy harto de todo esto. A veces siento como sí la vida me jugara malas bromas. A veces siento que el amor no es para mí.

Pocas personas han logrado realmente formar parte de mi vida, y muchas de ellas se han ido. Estoy enamorado Ophrys, y creo que lo sabes, pero no sé qué hacer. Hay cosas que se quedan en la piel, y con el viento se caen, o con la lluvia resbalan. Pero otras desgarran la piel, penetran en el interior y se insertan en lo más profundo de las entrañas. Entonces cierro los ojos y respiro por su aliento, mientras la abrazo, siento su calor y no sé dónde estoy. Y puedo vivir un instante invaluable de felicidad pura. Pero es tan efímero. De pronto, siento como el dolor me regresa a la realidad y siento como si un fuego consumiera mi interior y va extinguiendo mi vida en una indecible agonía…


Guardó la carta en su mochila, no se explicaba por qué había escrito eso. Tal vez tenía que ver con su extraña pesadilla. Había llegado la hora de regresar al salón. Tomó sus cosas y se fue. Al llegar al aula Jazmín estaba ahí, y Ophrys estaba a su lado. Ambas lo miraron. Jazmín se retiró sin decir palabras. Ophrys estaba un tanto molesta. Ernust se acercó, sacó la carta de su mochila, se la dio a Ophrys y sin saber exactamente por qué le dijo “lo siento”. Ella le dio un abrazo y guardó la carta.

Ernust no podía concentrarse en la clase. Salió del salón y regresó al jardín. Por alguna extraña razón sentía que debía estar ahí. Al llegar encontró a Violeta sentada en una banca. La vio de espaldas y un sudor frío recorrió su cuerpo. “Mirada de fuego”… Se quedó petrificado. Violeta sintió la presencia de Ernust y volteó. Sus ojos tiernos estaban ahí. Ernust sintió un gran alivio y sin pensarlo corrió a abrazarla. Una extraña alegría lo invadió. Violeta estaba confundida, no podía entender el comportamiento de Ernust. “Ernust ¿qué está pasando contigo?” preguntó, pero antes de que pudiera continuar, Ernust la besó. Ella lo separó de sí un tanto molesta. Entonces Ernust sintió como una enorme mano sujetaba su hombro. Al volver la cara, el puño de Peter se impactó directamente en su ojo.

Ernust comenzó a sentir varios golpes en todo el cuerpo, se sintió mareado, comenzaba a ver borroso, a su alrededor se escuchaban diversos gritos “No, déjalo”, “¡pelea, pelea!”, “alguien ayude” y cosas así. Ernust sintió como perdía el control de sí mismo y caía al piso mientras veía como brotaba sangre de su nariz y de su boca, le dolían las costillas y las piernas. Lo último que pudo ver fueron los ojos de Violeta, luego perdió el conocimiento.

Esquizofrenia (8/10)

Ernust despertó muy alterado, todo su rostro estaba perlado por un sudor frío, intentó ubicarse en la oscuridad, por un momento no supo dónde estaba. Intentó recordar su sueño, ¿por qué había despertado tan alterado? Pudo recordar unos ojos incandescentes que le aterraron. En vano intentó recordar más. Se tranquilizó, todo había sido un sueño. Poco a poco pudo ubicarse en tiempo y en espacio. Estaba en su habitación, por fortuna, el frío lo había despertado de su cruel pesadilla. Se había quedado dormido en el piso del cuarto. Encendió la luz eléctrica. Su cama permanecía arreglada, no había dormido en ella. Miro la pared de su habitación, de ahí colgaba un dibujo, un hermoso árbol con la frase “mirada de fuego”.

Esquizofrenia (7/10)

La cabeza de Ernust daba tantas vueltas que parecía que iba a estallar. Miraba a la sonrisa de Violeta mientras sentía como un apretón de manos le hacía daño. “Mucho gusto” y “¿estás bien?” eran palabras aisladas que alcanzaban a llegar hasta sus oídos, pero eran ininteligibles. Entonces miró a Violeta, ella lo miraba con una amplia sonrisa y una mirada que radiaba felicidad. Aquellos ojos tan radiantes de Violeta le hicieron daño a Ernust. Él dio media vuelta, tiró su mochila en ese lugar y se alejó corriendo lo más rápido que pudo, mientras alcazaba a escuchar los gritos de Violeta “¿Qué te pasa?, ¿Te sientes bien?”

¿Qué clase de pregunta era esa? Era obvio que no se sentía bien. Estaba confundido, muy confundido. Llegó a su casa, miró su escritorio, ¡cuántos bocetos de Violeta había ahí! Recordó la noche anterior, Violeta había estado con él… esos besos apasionados… los recordó y el recuerdo le quemó los labios, la piel le ardía justo dónde ella había pasado sus manos. Ernust se sentía morir, fue a su habitación, se tumbó en la cama y comenzó a llorar amargamente. Estuvo tumbado boca abajo durante largas horas. El tiempo parecía interminable. Había muchas voces en su cabeza “estoy enamorada”, “pierdes el suelo”, “¿estás bien?”, “mi novio…”, “mi novio…”, “mi novio…”. Ernust lanzó un grito desesperado. Escuchó entonces otra voz “¿qué te pasa, Ernust?”. Era una voz tierna, dulce… no había salido de su cabeza ¿o sí? Estaba seguro que no. Sentía que se volvía loco.

Volteó la cabeza, miro al retrato de Violeta que colgaba de la pared. Entonces le pareció que el retrato le hablaba “¿Ernust, estás bien?”. Pero el retrato no había movido los labios. Era la voz de Violeta, de ello estaba seguro. De pronto volvió a sentirse solo, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Comenzó a sudar frío. Una linda voz surgió desde la puerta de la habitación.

–Ernust, no estás solo.

Ernust se volvió lentamente. De reojo pudo contemplar la figura de Violeta erguida en el umbral de la puerta. El corazón le iba a estallar. Comenzó a gritar, quería abrazar a Violeta, quería refugiarse en ella, quería creer que todo había sido un sueño. Entonces se levantó, miró a Violeta a los ojos y cayó de rodillas al piso. Esa mirada, una mirada de fuego, comenzó a consumir el interior de Ernust. Los ojos de Violeta no eran los mismos. Habían cambiado la luminosidad por el fuego. Ernust sintió miedo. Quería ocultarse, quería escapar, pero todo era en vano. La mirada de Violeta le hacía daño, le quemaba el interior, le consumía el alma. Mientras que, con la voz más dulce que jamás había escuchado en su vida le decía “Ernust, ven a mis brazos”. Ernust no podía soportarlo más. Quería abrazarla, pero no podía acercarse a ella, su mirada, sus terribles ojos de fuego… Volteó a ver el retrato que pendía de la pared, y horrorizado vio como en los ojos del retrato ahora ardían dos enormes llamas que iban consumiendo el papel. Ernust sudaba frío… quería moverse, quería gritar pero no le era posible. Entonces el fuego quemaba el papel, y aquel retrato se consumió, las cenizas quedaron en el piso, de ahí surgió de pronto un árbol y en él quedaron grabadas en la corteza las siluetas de los ojos incandescentes. Ernust recordó su dibujo del árbol con la frase “mirada de fuego”. Entonces Violeta traspasó el umbral, se acercó a Ernust y lo miró directo a los ojos, quiso acariciarle el rostro. En ese momento Ernust perdió el conocimiento.

Esquizofrenia (6/10)

Ernust despertó feliz, como despiertan aquellas personas que han tenido un sueño placentero. Lo primero que pudo ver al despertar fue el retrato de Violeta pendiendo de la pared. Se le ocurrió que todo lo pasado había sido un sueño, que había dormido un largo sueño desde que había acabado ese retrato hasta el momento. La idea le causo escalofríos. Pero luego volteó la mirada, Violeta yacía al otro lado de la cama, su respiración era apacible, su rostro tierno, su sueño parecía tranquilo. “No ha sido un sueño”, pensó Ernust, “nada de esto ha sido un sueño”.

Se quedó despierto velando el sueño de su amada, hasta que vio que había llegado la hora para ir a la escuela. Despertó a Violeta con un tierno beso en los labios. Ella sonrió mientras abría lentamente los ojos. “Buenos días amor mío”. Cuanto placer experimentaba Ernust al escuchar su voz. Al ver sus ojos abiertos. Al sentirse parte de algo, parte de alguien. Él ya no era más Ernust. Ahora era un tanto porciento Ernust, el otro tanto Violeta. Él ya no podría estar jamás completo sin ella. Eso era lo que sentía. Eso era lo que sus ojos le decían a ella, y los de ella eran, igualmente, ojos de enamorada.

Estuvieron listos en poco tiempo, tomaron un desayuno ligero y se encaminaron a la escuela. Ahí, una vez más Violeta se despidió de él. “Te veo al rato, amor”, le dijo, le dio un abrazo y un beso, y se fue. Él sólo miró y se encaminó a su salón, con un bienestar y un deseo vital que jamás antes había experimentado.
Cuando se encontró con Ophrys, ésta lo primero que hizo fue preguntarle “¿Cómo estás?”

–De maravilla –respondió él.
–No me convences… es que, el asunto de Violeta…
–¿Qué pasa con ella? Es una chica maravillosa, y yo la amo.
–Ernust, no te lastimes de esa manera. No te hagas daño. Entiendo que ella sea tu amiga, es una linda y buena chica, pero ¿por qué crees que la amas? Más aún ¿qué te hace pensar que ella te ama a ti?
–¿Qué estás tratando de insinuar? –dijo él muy enojado. Iba a continuar con su discurso, pero prefirió no seguir la discusión sólo por el gran cariño que le tenía a su amiga. Aunque al no poder contenerse tampoco dio media vuelta y se fue. No volvió a hablarle a Ophrys durante el resto del día.

Más tarde, mientras cambiaba de salón para ir a otra clase, se encontró con Violeta. Ella lo saludó de lejos.

–Hola Ernust, disculpa por no llamarte ayer… –pero de inmediato se dio cuenta de su talante apesadumbrado, así que cambió el rumbo de la conversación– ¿qué te pasa? Te noto triste.
–Me enojé con Ophrys. Es que no me comprende. Pero, no te preocupes, me siento feliz, sé que tú sí me comprendes.
–¿Seguro que estás bien Ernust?
–Claro que sí, no te preocupes.
–Ahora sí podré hablar contigo sobre algo importante. Te veo a la salida ¿está bien?
–Claro…

Ernust iba a besarla, pero ella no le dio tiempo, sin más dio media vuelta y se fue. Ernust se sintió muy raro. ¿Qué le pasaba a Violeta? No lo sabía. Se sintió de pronto muy mal, por un lado no sabía que le pasaba a su amada, por otro lado su amiga estaba enojada, o más bien, él estaba enojado con su amiga.
En la siguiente clase encontró a Jazmín. Y le vino como anillo al dedo, pues encontró a la persona perfecta para desahogarse.

–Es que, no entiendo. Ophrys está como enojada, o no sé qué le pasa. Y Violeta, pues, está rara. Cuando va a casa se comporta muy cariñosa, muy atenta… pero en la escuela, parece otra, es como sí sintiera vergüenza de mí y no quisiera aceptar que soy su novio frente a sus amigos. Tal vez soy muy feo y por eso no quiere aceptarme… o tal vez… ¡ah!, no sé qué pasa.
–Ernust, eso no es normal. Una chica jamás se avergüenza de la persona que ama. Al menos yo te hablo desde mi experiencia personal. Yo hace ya bastante tiempo que no veo a Violeta, pero Ophrys va con ella en alguna clase, eso lo sabes, y tampoco se me hace normal que ella esté preocupada por ti y te pregunte “¿qué tienes?” nada más porque sí. Hay algo extraño en todo esto. Deberías hablar con ella.
–Tal vez tengas razón… pero no sé si ahora. La verdad es que no quiero dirigirle la palabra.
–Deja de comportarte como un niño inmaduro, Ernust. Ophrys es tu amiga.
–Sí pero…

Ernust no supo que decir. Sabía que debía disculparse con Ophrys, después de todo ella no le había hecho nada. Pero no sentía ánimos de hacerlo en aquel momento, así que decidió esperar.

Cuando Ernust salió de clases, fue a esperar a Violeta en la entrada de la escuela. Mientras esperaba Ophrys pasó junto a él. Lo miró con unos ojos profundamente tristes, pero no le dijo nada, simplemente pasó de largo. Unos metros más adelante detuvo su paso, volteó, lo miró nuevamente, quería decir algo, pero se contuvo, volvió a dar media vuelta y se fue. Ernust no entendía que estaba pasando.

Al poco tiempo llegó Violeta, con su típica sonrisa. Lo abrazó y comenzó a hablar en un tono muy solemne.

–Ernust, no sé cómo, pero en poco tiempo llegaste a convertirte en mi mejor amigo… hoy me siento muy feliz, y quiero compartir esa felicidad contigo, sé que sólo tú vas a entender esto, porque sólo a ti te creo capaz de ello. Quiero presentarte a alguien, ven, acompáñame.

Ella lo guió de nuevo hacia adentro de la escuela. Fueron hacia los jardines. Se detuvieron justo en la banca dónde Ernust había dibujado el árbol con los ojos penetrantes de aquel extraño sueño. Ahí había un muchacho sentado, parecía esperarlos porque en cuanto llegaron se levantó. Violeta lo miró, luego volvió la vista hacia Ernust… sus ojos irradiaban una pasión vital, un enamoramiento, un deseo por la vida.

–Ernust, te presento a Peter, mi novio…

Esquizofrenia (5/10)

Ophrys se quedó atónita tras el relato de Ernust. Pero se sentía muy feliz por su amigo. Ambos se olvidaron de la clase. Ernust estaba tan emocionado y Ophrys tan contenta que a ninguno de los dos les importó perder una clase. Él hablaba entusiasmado, contó a Ophrys el extraño sueño, la súbita aparición de Violeta en la casa, sus sentimientos, su emoción, sus planes… era todo un mar de ideas y sentimientos.

–Ve más despacio, –le dijo Ophrys– no puedo entenderte nada. Pon en orden tu cabeza antes de comenzar el discurso.
–Lo siento, es que estoy tan emocionado… tan feliz.

Para Ernust el tiempo pasaba de manera muy lenta, contaba los segundos para poder estar nuevamente con Violeta. No prestaba atención a las clases. En lugar de ello, tomó una hoja de papel y comenzó a doblarla hasta que le dio forma de flor. Luego volvió a desdoblarla, la coloreó y volvió a darle forma. Pensó que sería un lindo detalle para Violeta. De hecho no pensaba en otra cosa que no fuera o estuviera relacionada con Violeta.

Al llegar la hora de la salida, Ernust salió del salón olvidando todo. Jazmín y Ophrys se quedaron un tanto contrariadas al percatarse de que su amigo ni siquiera se había acordado de decir adiós. Se miraron mutuamente y sonrieron.
Ernust se encontró con Violeta a la salida. Él la saludó desde lejos. Ella lo miró.

–¡Qué bueno que te encuentro, Ernust! –Le dijo– hay algo importante que quiero decirte. Me siento muy emocionada y feliz. Me gustaría mucho contártelo, pero ahora tengo un poco de prisa, debo irme, espero poder llamarte a tu casa al rato, si no te veo mañana, no tengo más tiempo por ahora. Te quiero mucho. Nos vemos.

Ella se fue sin decir más. Y él quedó triste y abatido. No entendía lo que estaba pasando. Había visto los ojos de Violeta mientras hablaba, ciertamente se veía feliz, su sonrisa se dibujaba más franca. A Ernust le pareció que su Violeta estaba experimentando exactamente lo mismo que él, ese renacer, ese contemplar el mundo cono ojos nuevos, con una mirada auténtica, ese amor por la vida. Se sintió feliz por ello, pero abatido porque no había entendido lo que pasaba. Sin embargo se fue a su casa para esperar la llamada de Violeta. Mientras caminaba no podía hacer más que pensar “¿qué será lo que quiere decirme?”

Llegó Ernust a su casa. No tardó mucho en sonar el teléfono. Ernust sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, le dolía su palpitar. Con la mano temblorosa descolgó el auricular. Pero fue grande su decepción al escuchar que era Ophrys y no Violeta quien llamaba. “¿Estás bien?” le preguntó su amiga “sabes que cuentas conmigo, no estás solo”. Ernust no entendía lo que le pasaba a su amiga. ¿Qué clase de pregunta era aquella?, ¿a qué venía todo esto? Ernust se limitó a responderle “estoy bien, gracias. Debo dejarte espero otra llamada” y terminó la llamada.
Pasó una hora y el teléfono no sonaba. Ernust se sentía ansioso, quería incluso ser él quien llamara. Se sentó junto al teléfono y no quería separarse de él, ahí sentado transcurrió mucho tiempo sin que él se moviera de lugar. De pronto se sobresaltó al escuchar el sonido de la puerta abriéndose. Violeta entró en la habitación y corriendo hacia Ernust le dio un gran abrazo un y un apasionado beso.

–Ah, sé que dije que te llamaría, pero preferí venir personalmente.
–En la tarde me asustaste ¿qué es eso tan importante que quieres decirme?
–Sólo… –con esa sonrisa que hacía que Ernust se volviera loco dibujada en los labios, continuó– solo quería decirte lo mucho que te quiero. Ernust, estoy enamorada de ti.

Los ojos de Ernust se llenaron de lágrimas. Estaba tan feliz que no podía dejar de llorar. Él había llorado muchas veces, pero jamás de alegría, por lo tanto era un sentimiento extraño el sentirse tan bien y sin embargo no poder contener las lágrimas.

Violeta lo abrazaba, lo besaba y le susurraba palabras al oído. Él respiraba el perfume de su piel, de su cabello. Miraba sus ojos, le parecían dos enormes luceros que irradiaban un haz con los colores que daban vida al mundo. Se sentía invadido por su aliento, sentía como lo respiraba y su amor se iba internando en lo más profundo de su ser. Estaba completamente perdido, extasiado.
Ella se quedó toda la tarde a lado de Ernust. Él la miraba, acariciaba su rostro, a ratos la abrazaba y se prendaba de ella, no quería soltarla, no quería sentirla ni un centímetro lejos. Entonces la abrazó, y ella hizo lo propio, ella lo apretó contra su pecho y él, inexplicablemente, comenzó a sentir un terrible miedo de la soledad. Hasta entonces había permanecido con los ojos cerrados, disfrutando del momento con todos los demás sentidos. Pero en ese momento, al abrir los ojos, encontró su pequeña casa demasiado grande, se le antojó demasiado sola, demasiado callada, demasiado tétrica. Sintió un miedo terrible de quedarse solo. Apretó un poco más a Violeta, lo suficiente como para que ella no pudiera soltarse, pero no tanto como para hacerle daño. Como si fuera un niño que teme a la oscuridad, que no quiere que su madre lo deje solo en su habitación. Afuera comenzaba ya a oscurecer. Ernust entendía que Violeta debía irse, pero no quería que eso pasara. Así, que sin más rodeos comenzó a hablar.

–Violeta… tengo miedo. No quiero que te vayas, no quiero sentirme solo. Esta estancia es tan fría, y tú… el calor de tu cuerpo, tu mirada… no quiero que te vayas. Parece que he vivido siglos en la soledad, y hoy que estás aquí, que te siento, que siento que eres la única persona en este mundo que me entiende, que me comprende, que me ama por quién soy, entonces no quiero volver a estar solo. Ahora que estás aquí parece como sí jamás hubiera estado yo solo, y no sé si pudiera acostumbrarme a la soledad. Pero hoy tengo miedo… hoy no quiero que te vayas. Sin embargo sé que tal vez te estoy pidiendo demasiado… te puedo acompañar a tu casa…
–Ernust… –dijo ella con una voz llena de compasión y de comprensión– ¿quién hablo de irse? Me quedaré contigo, toda la noche si es necesario. No tienes nada que temer.
Todo el miedo de Ernust se disipó con las palabras de Violeta. Ambos fueron a la habitación. Se acostaron sobre la cama. Violeta contempló su retrato y alabó la técnica del artista. Esa noche fue fría. Ambos se abrazaron. Ernust se acostó en el pecho de Violeta y se quedó profundamente dormido.

Esquizofrenia (4/10)

Una noche, Ernust se sentía nervioso, estaba demasiado feliz, demasiado eufórico como para poder dormir, así que se sentó tras el escritorio y comenzó un nuevo boceto del rostro de su querida Violeta. Trabajó durante toda la noche sin darse cuenta. La luz de la mañana lo regresó a la realidad. Tenía que ir a la escuela y no había dormido ni un poco. Miró su dibujo y se sintió satisfecho. No le importaba haber permanecido despierto, se sentía feliz. Le causaba cierta emoción saber que en unos instantes se encontraría con esa linda jovencita y entonces todas sus penas desaparecerían.

Llegó a la escuela a buena hora. Se encontró con su amiga Jazmín. Ella lo recibió con un fuerte abrazo. “Parece que estás perdiendo el suelo” le dijo. No añadió nada más aunque parecía querer decirle algo importante. Fueron a clases y el día transcurrió sin mayores novedades.

Al terminar las clases Ernust buscó a Violeta. Finalmente la encontró a la salida de la escuela. Él la saludó con cierta efusividad. Ah, cuanto bien le hacía al recién nacido Ernust el encontrarse con su joven amiga. Cuando estaba con ella experimentaba una cierta dicotomía, entre bienestar y nerviosismo, entre tranquilidad y agitación.

–Hola, oye… ¿te gustaría ir a tomar un café?– preguntó Ernust con su clásica forma de hablar entrecortada.
–Oh, lo lamento mucho Ernust, hoy no podré. Pero quizá en alguna otra ocasión.
–Está bien, no te preocupes.

Un tanto frustrado, pero ciertamente alegre, Ernust regresó a su casa. Era una oportunidad excelente para leer a su querido, pero olvidado desde hacía tiempo, Rimbaud. Comió algo rápidamente, luego fue a su escritorio y vio el dibujo de Violeta que había comenzado la noche anterior. Se olvidó entonces del poeta francés y pensó que el retrato que había hecho casi lograba alcanzar el objetivo que él buscaba. “Unos cuantos retoques y quedará listo” pensó, y se sentó a trabajar.

Transcurrieron varias horas hasta que por fin quedó completamente satisfecho con su trabajo. Lo había logrado, el retrato de Violeta era tan natural, tan real, que parecía estar vivo. Los ojos tenían una expresión de ternura y pureza, era como contemplar un manantial de aguas cristalinas en medio de un bosque virgen. Su sonrisa era la misma de la de un niño que jamás ha experimentado dolor o penas en la vida. Unos rasgos finos, una flor en el cabello, justo como el día que la había conocido.

Ernust no supo cuanto tiempo pasó, pero al terminar el retrato la noche ya iba bien avanzada en su curso. Él no sentía sueño, pese a tener ya una noche entera en vela. Contempló su dibujo una y otra vez. Le parecía como si el retrato pudiera verlo, como si aquellos ojos dibujados en el papel fueran auténticos. “Qué fácil es perderse en esos ojos…” y ciertamente lo era. Ernust se perdió en su dibujo, olvidándose de dormir. Lo contemplaba, y pensaba en que había creado una verdadera obra de arte. Quiso recordar entonces aquella clase de mitología, dónde había escuchado de un escultor griego que había rogado a la diosa Venus que le diera vida a su recién hecha escultura. Pero no pudo recordar más que eso, había olvidado todo el contexto, así que lo dejó por la paz. Llevó su dibujo a su habitación, lo colocó en la pared frente a la cama para poder contemplarlo.

Se quedó contemplando más y más tiempo su obra maestra, hasta que cayó presa del sueño. Entonces se vio acostado en su cama, se levantó y fue hacia el escritorio. Ahí todos sus bocetos de Violeta lo miraban con cierta curiosidad. Él los saludaba a todos y ellos reían con él. Jazmín entonces le tocaba el hombro y con una cálida sonrisa le decía “no pierdas el suelo” y luego se iba. Posteriormente Ophrys al otro lado del escritorio, mirando los retratos de violeta, caminaba hacia él, le tocaba el pecho y de ahí brotaban flores moradas que ella comenzaba a poner en los cabellos de los bocetos dibujados, los retratos sonreían y decían “gracias”. Ernust se sentía muy feliz, recordaba el retrato de su habitación, tomaba la flor más hermosa que había salido de su pecho y, dejando a Ophrys, se dirigía a su recamara. La Violeta de su cuarto lo miraba con una ternura indecible, y con una voz casi espectral, pero a la vez maravillosa le decía “gracias” mientras él colocaba la flor en su cabello. Ernust acarició la mejilla dibujada y sintió la calidez de la piel de Violeta. El retrato, con los ojos fijos en la mirada de Ernust le dijo “hora de ir a la escuela”. Ernust volvió a acostarse en la cama y vio como lentamente todo se iba desvaneciendo a su alrededor.

Ernust despertó asustado al sentir que alguien lo agitaba para despertarlo. Abrió los ojos repentinamente y se encontró con una mirada tierna. Era Violeta. Él al verla se tranquilizó un poco, pero después se sintió confundido. ¿Dónde estaba? ¿Había ido él a casa de Violeta? O ¿Violeta se había quedado en su casa? Por un instante recordó el sueño (¿había sido un sueño?) de los retratos parlantes y un escalofrío recorrió su espina dorsal, pero se tranquilizó al ver pendida de la pared su obra maestra. Violeta se había sentado en la orilla de la cama y con gesto burlón le decía “¿Ya te acabas de despertar? Es hora de ir a la escuela”.

–¿Qué estás haciendo aquí? –Preguntó Ernust muy extrañado– ¿Cómo entraste?
–Qué memoria tienes, tú me diste las llaves… y vine a traerte un café, como ayer no pude, pensé que te gustaría que desayunáramos juntos.
–Claro, es sólo que, me asustaste, quiero decir, me sorprendió verte aquí… es que.
–Ya, no digas más, mira, tu date un baño y arréglate, yo mientras tanto dispondré la mesa.

Ernust obedeció. Se levantó de la cama y se dispuso a tomar un baño. No sabía la hora, aun estaba oscuro. Se aseó rápidamente, pues no quería dejar esperando mucho tiempo a Violeta. Se vistió y fue a la pequeña habitación que hacía las veces de sala y comedor. Ahí estaba ella esperándolo pacientemente. En la mesa había un par de tazas que dejaban salir vapor debido al líquido caliente que contenían. Ernust se sentó junto a Violeta. Ella lo miró, tomó su rostro con las dos manos, se acercó y le dio un beso en los labios, luego sonriendo le dijo “no seas tan tímido, no te traerá nada bueno” y comenzó a tomar su café.

–No lo entiendo… –dijo Ernust.
–No hay nada que entender, yo sé que me quieres, Ernust, y yo te quiero a ti. Eso es lo único que hay que saber… ahora, a desayunar.

Comieron un pan junto con el café, Ernust se sentía contrariado, pero muy feliz. Terminando el desayuno Violeta tomó su mochila y ambos se dirigieron a la escuela. Ernust sostuvo la mano de Violeta todo el camino, se sentía extasiado. Al llegar a la puerta de la escuela Violeta se detuvo, lo abrazó fuertemente. Él olía sus cabellos perfumados, sentía su calor, sólo entonces se dio cuenta de que la mañana era fría. Ella volvió a besarlo, luego le dijo “aquí nos separamos, yo voy a otro salón, nos vemos al rato, querido” dio media vuelta y se fue. Él miró como se alejaba, y cuando se perdió de su vista comenzó a caminar a su salón.
En el pasillo encontró a Ophrys, ella lo miró con una mirada curiosa.

–No me lo digas, has tenido otra pesadilla…
Ernust sonrió con la sonrisa de un niño.
–No vas a creer lo que paso…

Esquizofrenia (3/10)

En los días siguientes la amistad de Ernust y Violeta fue creciendo de manera rápida y franca. Las noches de él se hicieron más cortas, su sueño comenzó a transcurrir de manera tranquila y apacible. Despertaba con una sonrisa que no se le borraba en todo el día. En su cuaderno de dibujos tenía varios bocetos que intentaban ser un retrato de Violeta, pero él jamás quedaba del todo convencido. Quería captar su mirada inocente y tierna y su sonrisa tan congruente con toda ella, pero sentía que no lo lograba, por ello llenó su cuaderno con muchos intentos de captar a Violeta justo como él la veía.

Ophrys y Jazmín se mostraban pacientes con él, y no pasó mucho tiempo para que conocieran a la famosa Violeta. Ernust hablaba mucho con sus dos amigas sobre ella, les mostraba sus bocetos, les contaba sus sueños. Ellas estaban contentas de ver que su amigo estaba logrando salir de la depresión.

Ernust se convirtió en el confidente de Violeta. Y fue tanto el cariño que sintió hacia ella que había ciertas cuestiones de su vida que no le confiaba a nadie más que a ella. Así, una tarde la lluvia comenzó a caer y Ernust contemplaba como las gotas saltaban alegremente en los charcos que se formaban en el piso de la escuela. Por alguna extraña razón sintió su alma oprimida por un gran peso. Violeta llegó a su lado, él la miró. Le dijo “me siento solo”. Ella lo abrazó y Ernust lloró amargamente durante largo rato. Violeta no dijo nada pero apremiaba a Ernust con la mirada para que hablara sobre su penosa situación. Él la miró a los ojos, y le contó las penas que le oprimían, y mientras hablaba sentía como la mirada de ella iba purificando su alma. Ernust grabó esa mirada en lo más profundo de su mente, como cuando un escultor graba en la piedra la figura de su amada y esa piedra queda marcada de por vida.

Desde aquella tarde Violeta llenaba todos los espacios vacíos que había en la vida de Ernust. Él se sentía más fuerte, más tranquilo, como si hubiera estado enfermo mucho tiempo y ahora estuviera totalmente transformado. Aquellas lágrimas habían sido como un renacer, un retorno a lo esencial que ahora le permitía abrir los ojos y contemplar la luz que durante tanto tiempo había estado velada. El mundo retomaba el color que había perdido, los ojos de Ernust se estaban abriendo por primera vez a la vida, y él contemplaba maravillado que el mundo era hermoso. Ahora contemplaba las flores, los árboles, los niños que corrían, todas esas cosas que antes estaban ahí, pero que jamás había podido contemplar en su totalidad. La pared de un viejo edificio, el pavimento levantado por el peso de los automóviles, las luces de los semáforos, era como si la ciudad apareciera por primera vez a la vista de un pueblerino. Al menos así lo sentía Ernust.

Esquizofrenia (2/10)

Ernust estuvo veinte minutos en clase. Estaba tan distraído que no podía percatarse si la clase era de física o de historia. Salió del salón dejando su mochila encargada a Jazmín. Regresó a los jardines.

Al llegar encontró ahí a una muchacha que se había inclinado a recoger una flor morada que crecía al ras de suelo. Ernust la miró, vio cada uno de sus movimientos. Cuando ella se percató de que no estaba sola volteó la cabeza y se encontró con la mirada escrutadora de él. Ernust se sonrojó y bajó la vista al piso un momento tratando de disimular. Volvió a levantar la vista y se encontró con los ojos de ella. Tenía una mirada tierna y una sonrisa franca dibujada en los labios. Tenía la flor que acababa de levantar en su mano derecha, mientras que con la izquierda se quitaba los cabellos de la cara. Él volvió a sonrojarse.

–Hola, ¿qué estás haciendo por aquí en hora de clase? –le preguntó ella.
–Nada en realidad, –respondió– sólo intento... olvídalo, no importa. Veo que recoges flores.
–Sí, una morada para adornar mi cabello. Creo que va conmigo.
–Se te ve linda –dijo Ernust sin pensarlo. Al darse cuenta de sus propias palabras se puso muy nervioso, se dio cuenta de que se sonrojaba y se sintió estúpido– quiero decir... no se... te va...
–Me llamo Violeta ¿y tú?
–Soy Ernust.
–Bueno Ernust –dijo ella con otra gran sonrisa dibujada en sus labios. Sus ojos claros y transparentes dieron a Ernust una tranquilidad que no había sentido en varios meses– ya que no estás en clase ¿te gustaría dar un paseo?
–Claro.

Comenzaron a caminar juntos. Violeta tomó el brazo de Ernust y éste sintió una gran seguridad. Anduvieron largo rato. Ella hablaba de muchas cosas. Él escuchaba atentamente cada una de sus palabras. Finalmente llegaron a un pasillo y Violeta se despidió de Ernust con un beso en la mejilla. “Fue un placer” le dijo “pero ahora debo volver a mi salón. Espero verte pronto de nuevo”

Ernust vio como se alejaba lentamente por el pasillo, hasta que entró en un aula. Él volvió a su propio salón por su mochila. Ahí lo esperaban Jazmín y Ophrys. Cuando él llegó dónde ellas estaban, ambas lo miraron con curiosidad y al unísono dijeron “conociste a una chica”. Los tres rieron. Jazmín entregó su mochila a Ernust y luego todos se encaminaron a otro salón.

miércoles, 27 de abril de 2011

Troya

Luego de diez años de enfadosa lucha sin resultados, el ejército aqueo, comandado por Agamenón, estaba ya cansado del sitio a la infranqueable ciudad. Aunado a ello, una terrible peste asoló el campamento causando grandes bajas al ya de por si desmoralizado ejército.

Los grandes comandantes comprendían que habían ofendido algún dios y que debían congraciarse con él, sin embargo, el grueso del ejército –compuesto por gente sencilla, por campesinos que habían abandonado sus tierras y sus familias por orden de sus reyes– no tenía idea de lo que estaba pasando, para ellos sólo había muerte, hambre, desolación y una causa perdida. Habían ido a luchar a esa tierra extranjera, dejando toda su vida atrás, sólo por recuperar a una mujer: la más bella del mundo, decían las leyendas. Pero para un simple soldado la causa era vana, por muy bella que fuera Helena, no valía una guerra tan larga, además, esa belleza le pertenecía sólo a Menelao, su legítimo esposo, y un simple y llano guerrero tenía que morir sin albergar siquiera la esperanza de poder yacer en el lecho de Helena.

Todas las esperanzas aqueas de que la guerra tocara su fin estaban puestas en Aquiles, aquel guerrero, hijo de una diosa, a quien se creía invencible. Aquiles peleaba por la fama que la victoria acarrea consigo. ¿Qué le importaban a él Helena, o la causa de los griegos, o el monopolio económico que vendría con la conquista de la ciudad? En cambio, en Troya, todas las miradas estaban puestas en Héctor, hombre valeroso, sin duda, pero que no estaba a la altura de aquel legendario guerrero Aquiles. Héctor lo sabía, sin embargo, no temía enfrentar a su rival, temía más por el futuro de su esposa y su hijo una vez que cayera él, el más honorable de los troyanos.

Una confrontación entre Agamenón y Aquiles estuvo a punto de poner fin a la guerra, porque, si Aquiles partía –ofendido como estaba– la escasa moral que les quedaba a los aqueos se desvanecería y ya no verían razón para luchar, más aún, sin Aquiles entre sus tropas ninguno podría ver a Héctor acercarse a la batalla en las filas de vanguardia sin sentir que sus piernas se debilitaban y su cuerpo caía al piso presa del horror. Agamenón estaba consciente de que él no era nada sin Aquiles, no es que sintiera miedo de Héctor, pero tampoco es que quisiera enfrentarlo en batalla, así que, tragándose su orgullo, prefirió pedir disculpas a Aquiles para que la guerra continuara en buenos términos para los aqueos.

Sin embargo, imposible sería evitar que los destinos de Héctor y Aquiles se encontraran en una trágica batalla donde uno de ellos iba a morir. Esto estaba previsto, no por el destino, sino por la cólera de un par de diosas que, en busca de venganza, habían provocado que se desatara la cruel guerra de Troya. Todo el problema se originó varios años atrás, cuando Discordia se presentó con un regalo mientras se celebraba una boda: Era una manzana de oro que tenía inscrita la leyenda “para la más bella”. Afrodita, Atenea y Hera se disputaron aquella presea. Como no había manera de que ninguna de ellas aceptara que la otra era más bella decidieron que la decisión debía tomarla un mortal. Eligieron a Paris, hermano de Héctor, como juez. Las tres, jugando un tanto sucio, quisieron sobornar al inexperto jovenzuelo ofreciéndole dones que sólo ellas podían otorgarle, pero la astuta Afrodita, conociendo los corazones de los mozos en desarrollo, le ofreció un regalo que le sería imposible rechazar: a Helena, la mujer más bella del mundo. El fallo, como es de imaginarse, se dio a favor de Afrodita. Las otras dos diosas, encolerizadas, juraron venganza. Así fue como, en su cólera, creyeron que la mejor forma de vengar la afrenta de Paris, borrarían la ciudad de Troya del mapa, por ser la ciudad natal del joven que las había ofendido.

Cruel desgracia la de Héctor, tener que morir él, que jamás había pensado siquiera ofender a las diosas que ahora causaban su perdición. Así fue como finalmente, Héctor se encontraba tras las murallas infranqueables de Troya, detrás de la puerta, sabiendo que su muerte llegaría en breve, su padre y su esposa lloraban amargamente, le pedían que no saliera… afuera aguardaba Aquiles, éste había mandado llamar a Héctor exclusivamente, quería luchar con él y sólo con él. Héctor se puso su armadura lentamente, no tenía prisa, pero tampoco estaba alargando su suerte. Tomó su casco y se paró tras la inmensa puerta que defendía su ciudad. Ordenó que se abrieran las puertas, afuera aguardaba Aquiles y el ejército Aqueo. Las puertas comenzaron a abrirse y se hizo un silencio espantoso… todo el mundo estaba a la expectativa, los mismos dioses se había reunido en el cielo para ver lo que iba a ocurrir.

Salió Héctor al encuentro de Aquiles, lo miró con una amplia sonrisa en el rostro, llevaba en una mano su casco, salió sin lanza o espada. Caminó con paso firme, pero lento hacia donde Aquiles estaba, se paró frente a él, lo miró, lo abrazó… Aquiles se sintió desconcertado. Finalmente Héctor le habló:

“Hermano, sé has venido aquí con el único propósito de acabar con mi vida. En cualquier otra circunstancia te daría las gracias, hoy no será la excepción, no obstante, me gustaría antes comunicarte mi pensamiento. No se nos oculta, por nuestro noble linaje, que estamos el día de hoy, aquí, peleando por Helena. Pero tú bien sabes que esa mujer nada tiene que ver contigo, ni conmigo, ni con Troya ni con todas las ciudades griegas que se han reunido aquí para reclamarla. Helena es un conflicto entre Paris y Menelao que los dioses han querido hacer más grande. Glorioso es morir por el honor cuando se nos ha arrebatado por la fuerza, entonces luchar por una causa propia se convierte en la mayor de las virtudes, no hay vida más gloriosa que la que termina en el campo de batalla. Sin embargo, yo te pregunto ¿qué de gloria encuentras en morir por arbitrio caprichoso de los dioses? Un gran honor sería para mí morir abatido por tu lanza si acaso mi ciudad le hubiera hecho algún mal a la tuya. Pero ambos sabemos que el día de hoy uno de nosotros morirá, yo moriré, sólo porque tres diosas jugaron un juego y no supieron perder. Hoy es voluntad de Atenea y Hera que Troya caiga y Afrodita no es lo suficientemente fuerte para defenderla. ¿Por qué, hermano? ¿Por qué pelear defendiendo los caprichos de aquellas? ¿Por qué derramar nuestra sangre mortal y por qué dedicar nuestros esfuerzos en combate por aquellas que pueden aplastarnos en un solo instante? ¿Por qué servir de diversión para los inmortales? Yo no desconozco tu fuerza, ni pretendo conservar mi vida, sólo me gustaría ser justo. ¿Por qué los humanos debemos cargar con los conflictos de los inmortales, cuando ya nuestros propios conflictos son suficientes para agobiar nuestras espaldas? Piénsalo, y si después de pensar aún quieres acabar con mi vida por una razón vana, no opondré ninguna resistencia”

Y acabando de hablar comenzó a desembarazarse de su armadura y se sentó en el suelo. Aquiles entonces miró hacia el cielo durante un largo rato, luego tomó su lanza y se preparó para disparar… Dirigió su disparo con la mayor fuerza que pudo hacia el cielo, dio la mano a Héctor, lo abrazó, luego dio media vuelta y se fue ante la mirada expectante de dioses y hombres.

viernes, 18 de marzo de 2011

Experimento

Mi costumbre es ir los viernes a tomar
–E invertir mi salario en cerveza
Para alejar penas de mi cabeza–
Oculto en un rincón del oscuro bar

Salgo una noche con paso peculiar
Frente a mí una joven atraviesa
Ebrio quedo por su extrema belleza
Y le Digo “¿Te puedo acompañar?”

Apresurados vamos a su casa
Ella muerde mi cuello con fiereza
Mientras me desangro el tiempo pasa

Despierto recostado en la Marquesa
Y débil por la tremenda resaca
Insufrible es el dolor de cabeza.

lunes, 28 de febrero de 2011

Si es cremoso es baboso

¿Se han dado cuenta de lo tremendamente estúpidos que son la mayoría de los comerciales que transmiten por televisión? Digo, se supone que deben ser lo suficientemente llamativos pero ¿por qué deben hacerlos tan ilógicos, incoherentes y tontos? Sé que siempre ha habido y habrá malos publicistas, aunque también los hay muy buenos, pero, vamos, últimamente tenemos una enorme abundancia de los primeros.

¿No están convencidos de mis palabras? Analicemos, pues, algunos de los más incoherentes. Por ejemplo, aquel que dice más o menos así: “¿Te has puesto a pensar que pasaría si pudiéramos detener el tiempo? Los besos durarían semanas, y esa luna llena sería para siempre…” Para comenzar, si detienes el tiempo no existiría la noción de semana, ni siquiera existiría un “para siempre”, porque el “siempre” implica justamente la duración perpetua ¡en el tiempo! Así que, creyendo que existe tal posibilidad, teniendo el tiempo detenido, un beso no puede durar semanas, el carácter durativo no existiría, no habría forma de determinar la duración de algo, porque sin tiempo no hay concepto de segundo, minuto, hora, día, etc.

Bueno, no se quieren meter en cuestiones físicas, veamos otro ejemplo entonces. “Ya llevamos DOS horas de novios y aún no has cambiado tu estado de soltero en Facebook… te da pena andar conmigo ¿verdad?” Dos horas… Este comercial no sé si refleja lo superficial de nuestra sociedad o trata de ejemplificar la idiotez de los seres humanos, como quiera que sea, esto sólo tomaría sentido tomando en cuenta la tontería del ejemplo anterior, porque dos horas durarían semanas.

Y ya que seguimos con anuncios de banda ancha móvil, que me dicen de aquel que está en dos partes. En la primera parte una chica como de 15 años está triste porque tiene frenos en los dientes y entonces nadie le va a hacer caso. Lo anterior me parece típico en el comportamiento de un adolescente y quizá hasta sea normal. Pero sigamos con el anuncio. La madre de la muchacha se conecta a internet y le sugiere que le mande una invitación (una vez más a Facebook, extraño no) para ser amigos al chico que le gusta. La niña lo hace y en el momento el muchacho saca un Black Berry (ya saben, todos los adolescentes llevan un teléfono con red 3G consigo) de su bolsillo y acepta la invitación. En la segunda parte el mismo muchacho va a la casa de la muchacha a hacer tarea “porque no tiene internet”. Puede pagar un plan de red 3G pero no tiene internet. ¡Genial! ¿No?

Y que me dicen de esas cancioncitas idiotas de “vamos a llamar el doble de tiempo…” o “soy ejecutivo, tengo un Smartphone” Por dios, eso es para retrasados mentales. Si gastan tanto dinero haciendo publicidad ¿por qué rayos no la hacen bien? O aquello de “El mejor lugar para trabajar es el que te gusta” porque obviamente todo tu trabajo consiste en entrar a internet y buscar a tus compañeras nuevas en Facebook (¿no les parece que ya mencioné esto tres veces?).

Los peores, creo yo, son esos comerciales de “si es cremoso es granoso, a ti te sirve pero a mí no…” o “tu maquillaje me sacó granos”. Para comenzar ponen a una niña malcriada gritándoles a sus padres, en segundo lugar ponen a unos padres con cara de arrepentimiento por lo que hicieron. Digo, unos padres que de verdad amaran a sus hijos les enseñarían a respetarse a sí mismos en lugar de estarse preocupando por un maldito grano. En segundo lugar nos están diciendo que la vida de nuestros jóvenes gira alrededor del susodicho grano. Además está comprobado por un psiquiatra profesional que el no sé qué porcentaje de los adolescentes con acné piensan en el suicidio. Y lo peor de todo, antes pasaban a un escuincle baboso con su cara de cacahuate garapiñado con una severa depresión porque sus padres se preocupaban más por el dinero que por ver por el bienestar de su hijo. Pero ahora no, ahora todos los anuncios son de muchachas también con cara de cacahuate garapiñado. O sea que el mercado ha pasado a ser exclusivo de las mujeres porque las mujeres son más cabezas huecas que los hombres ¿no?

Ah, pero también están aquellos anuncios que dicen que los hombres piensan con las axilas. El transpirar por las axilas les impide pensar bien, supongo que es porque el sudor empaña los pensamientos. O aquel que “no es lo mismo festejar sin levantar los brazos…” por dios no tiene sentido. Pero eso sí, los hombres que piensan con el sobaco consiguen a las mujeres más atractivas. Yo supongo que lo anterior se debe a que una mujer cabeza hueca que en su adolescencia usó maquillaje contra las imperfecciones “complementa en sentido contrario” a un hombre que piensa con las axilas secas.

Hay alguna publicidad que no es precisamente mala como aquella de “por los que se hicieron fama y se echaron a dormir” aunque, en lo personal, jamás he entendido que tiene que ver el alcohol con el tema. Simplemente no tiene sentido.

Y los anuncios del gobierno son de lo peor que existe, ahora, además, incluyen subtítulos para que puedas leer lo que dicen…

No entiendo por qué los anuncios deben ser tan tontos. ¿Acaso están pensados sólo para llamar la atención de la gente tonta…? Olvídenlo, creo que ya tengo la respuesta.

miércoles, 12 de enero de 2011

En la estación de trenes

Esperaba sentada en la estación de trenes. Miraba apaciblemente a la gente ir de aquí para allá con sus maletas. No sabía exactamente por qué, pero eso le hacía experimentar una sencilla paz interior. Le parecía agradable observar las facciones de las personas a su alrededor. Algunos iban apresurados, otros tranquilos, algunos molestos, otros contentos. Todos tenían algo que contar al mundo y ella estaba allí para escuchar sus historias.

Esperaba sin prisa. Cada mirada, cada sonrisa, cada lágrima, cada imagen era un deleitarse… esperaba ahí sorbiendo un vaso de unicel con café caliente. A veces ellos también la miraban y ella se encontraba con la mirada inquisidora de “los otros”. Ella entonces les dirigía alguna amable sonrisa –vaya que su sonrisa era amable– y ellos a veces la devolvían, otras veces sólo la miraban con curiosidad e incluso con desdén, sentía como su mirada incomodaba a ciertas personas, pero ella no se inmutaba, sonreía como quien sonríe al aire, como quien sonríe a la vida, con una sonrisa pura, una sonrisa que brotaba del fondo del alma. Así sonreía ella.

A veces presenciaba a las parejas despedirse en el andén. Uno subía al ferrocarril mientras el otro se quedaba ahí llorando… entonces ella los veía y sonreía, ellos entonces sentían un profundo agradecimiento. Alguno incluso se acercaba para platicar con ella, pero ella no hablaba jamás, sólo los veía con sus profundos ojos grises y eso era más que suficiente.

Y así esperaba, desde que despuntaba el alba hasta que se ocultaba el último rayo de sol. Esperaba ver y ser vista. Esperaba que llegara un tren, un tren que cambiara su vida, un tren que abordo trajera una persona capaz de poder conversar con ella, sin palabras, sin sonidos, esperaba que unos profundos ojos como los suyos bajaran algún día de algún vagón. Allí esperaba, sentada. Cuando era menester se levantaba de su lugar e iba a comer algo, mas regresaba pronto a la misma banca. La gente no se sentaba en esa banca, sabían que le pertenecía a ella y respetaban el silencioso acuerdo.

Ella soñaba, esperaba que su sueño se volviera realidad, allí, en la estación de tren. Y en silencio, sin darse cuenta siquiera, ella había ya cumplido tantos sueños. Ella era un sueño, un sueño hecho realidad, el sueño de ellos, y estaba allí, esperando que alguien más la soñara, mientras soñaba y esperaba… Algún día, tal vez, todos esos sueños serían más que sueños, algún día la espera terminaría.

miércoles, 5 de enero de 2011

2011

¡Por fin terminó el año! Ya no más bicentenarios rondando por el aire, me tenían podrido con ello.

Ahora, pasemos a temas realmente importantes y trascendentes. Estamos en el año 2011. En el 2012 se acaba el mundo. ¿Se han puesto a pensar que sólo tienen un poco más de 660 días para realizar todos sus sueños frustrados?

Lo bueno es que muchos ya han comenzado el año con excelentes propósitos -los mismos que olvidarán a mediados de febrero, cuando tengan que preocuparse por el amor- y con una "vida nueva". Una corta vida nueva. Pero ¿de qué preocuparse? Los dioses aman a los que mueren jovenes. Lo bueno de que el mundo se acabe es que ya no hay que trabajar ¿no les parece genial? no más preocupaciones, estres tráfico, violencia, ambición, hambre, religión y películas de mala calidad.

Lo malo de que se acabe el mundo es que no disfrutaré de mi play station tres que acabo de adquirir, sí, lo sé, tengo todavía más de 660 días, pero... ah... supongo que muchos de ustedes compartirán mi sentimiento y sabrán el oscuro pesar que aqueja mi alma.

Y aún tengo algo de tiempo para comprar una mac y poder morir a lado de mis aparatos queridos. También me debería preocupar por un par de calcetines que no estén rotos y un traje presentable para el fin del mundo, no me gustaría terminar esta vida vestido con harapos todos rotos.

Pensandolo detenidamente, seiscientos y pico de días no son suficientes para preparar un final de la existencia ¿no creen?

Pero ¿qué se le va a hacer? Sonrían, Dios me ama...

Feliz fin del mundo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Post para combatir la "estupidez"

¿Se han dado cuenta que últimamente en esa red social “CaraLibro” a los usuarios les ha entrado la moda por hacer campañas para combatir distintos problemas sociales?

Bien, pues si no lo han notado no hace falta más que iniciar su sesión de susodicha red y lo podrán averiguar. Sin ir más lejos, el mes pasado la campaña era para combatir la violencia infantil, entonces el chiste era que “en lugar de la foto del avatar, vamos a quitar todas las caras de facebook y las vamos a cambiar por la foto de tu caricatura favorita…” Así seguía la leyenda que invitaba a los usuarios a sustituir su habitual imagen. Lo sorprendente es que muchos usuarios lo hicieron porque “estaban combatiendo así la violencia infantil”

Muchos usuarios, por cierto, pusieron imágenes de caricaturas realmente violentas, pero aún así estaban combatiendo la violencia. Y me pregunto ¿alguna de estas personas realmente se ha puesto a pensar en lo que está haciendo? ¿No se dan cuenta de que su campaña no sirve de nada? ¿O simplemente están tratando de quedar bien con la muchacha que les mandó la propuesta? Porque, de verdad ¿Cómo combates la violencia infantil cambiando una fotografía? ¿Acaso eso va a evitar que el padre de familia borracho golpee a su hijo o que un matrimonio disfuncional deje de pelear? ¿Sólo porque el “CaraLibro” está lleno de caricaturas?

Por si fuera poco, este mes se quejan y se muestran en contra de "el esclavismo de los aparatos electrodomésticos". Para comenzar me parece tan estúpido que alguien crea que por cambiar su fotografía ya está haciendo algo para solucionar el problema, en segundo lugar, utilizan uno de esos "aparatos esclavistas" para hacer su campaña. Claro, "pongamos una foto para que todos vean que estamos en desacuerdo, pero no dejemos de utilizarlos" Es como decir "vamos a protestar contra el calentamiento global debido al uso excesivo de electricidad con un mega anuncio luminoso que consuma cinco mil watts por segundo y que se quede encendido toda la noche para que todos puedan ver que estamos inconformes"

Por eso, combatamos a los homosexuales poniendo la fotografía de un pene, o al mal gobierno poniendo la fotografía de Fox, o combatamos la corrupción poniendo la imagen de Sor Juana. Es más hasta podemos combatir el alcoholismo poniendo la imagen de una hoja de marihuana, eso cambiará el mundo para siempre.

Al fin y al cabo sólo basta que yo me muestre inconforme y finja altruismo por internet, donde no se puede verificar que mis acciones sean congruentes con mi palabrería. Es más, si no me gustan las clases, sólo pongo la foto de un maestro y eso va a reformar de la raíz el sistema educativo.

Pienso que las redes sociales deberían tener otro uso, aparte de mostrar al mundo cuan borregos son los usuarios y lo pésimo que redactan. Pero como decía Albert Einstein “Sólo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, aunque de la primera no estoy tan seguro”

viernes, 26 de noviembre de 2010

Genailes ideas para mejorar el servicio del sistema de transporte colectivo "metro"

¿Se han dado cuenta que el metro solo una división: tres vagones para mujeres y el resto para todos los demás?

Esto hace algo ineficiente el servicio, porque, para comenzar, los tres vagones confinados generalmente van siempre más vacíos, mientras que en los demás vagones no cabe ni un alfiner, en segundo lugar, esta división ha extendido su horario, de manera que la mayor parte del tiempo que el metro brinda servicio está vigente esta división.

Para ello se me han ocurrido ideas geniales para mejorar el funcionamiento. Por ejemplo, así como hay vagones confinados para mujeres, debería haber vagones confinados para hombres. Así se evitarían las mujeres la incomodidad de tener que viajar con los hombres. O ¡que mejor! confinar un vagón para ancianos y uno para niños menores de 10 años que viajen solos. Y Confinar un vagón que vaya siempre vacío, para que ahí se suban los vendedores ambulantes y los policías (encargados de evitar que exista el comercio ambulante) a platicar tranquilamente.

Los vagones de mujeres deberían pintarse de rosa y los de los hombres de azul, así la gente se sentiría más identificada. El de los ancianos debe pintarse de negro, así los colores ayudarían a etiquetar a la gente.

Evitemos la discriminación. Recuerden que es más sencillo poner etiquetas de "es vulnerable, pongamoslo aparte" en lugar de fomentar el respeto. Por eso, para que haya equidad en la ciudad, todos iguales. Que cada sector de la población viaje en un vagón aparte.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Bajas temperaturas

No entiendo. Por qué, si hace tanto frío, permaneces tan lejos.