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domingo, 18 de septiembre de 2016

Más allá

Te sientes muy fría. Ven, ovíllate a mi lado, deja que te cubra con la frazada. Mucho mejor. Mira, afuera una turba enardecida que avanza hacia el cementerio en busca de otra tumba vacía, pero no te preocupes, no nos pasará nada, aquí estamos seguros, a mi lado no te encontrarán.
Desde aquí puede contemplarse todo el panorama. Recuerdo que desde esta misma ventana te vi por primera vez. Caminabas sigilosa, en la oscuridad, evitando las miradas, oculta entre las sombras. Te amé desde el instante en que nuestras miradas se cruzaron y tú, como una cervatilla asustada, corriste a ocultarte detrás del árbol y te esfumaste en la oscuridad. Así te veía cada noche, siempre a la misma hora, sin retrasarte un solo minuto. Recuerdo también la primera vez que te hablé y tus pasos volaron más prestos que mis palabras. Mas imposible me resultaba olvidarte, no podía borrar las huellas que surcaste en mi memoria. De día evocaba tu imagen y trataba de fijarla con suaves palabras o raudos movimientos de pincel; por las noches, cuando el cansancio se prolongaba en mis párpados, eran tus fantasmagóricos dedos los que cerraban mis ojos, y mis oídos soñaban con tu cálido arrullo cuando el gélido viento soplaba con más fuerza.
Quizá tú no recuerdes cómo una noche, al abrigo de la frondosa copa del árbol al otro lado de la ventana, me decidí a seguir tu noctámbulo paseo. Cuantos esfuerzos me costó el seguir tus pasos tan gráciles y naturales. Fue así como te vi entrar al cementerio. Aquella vez te perdí de vista en cuanto tu cuerpo leve sorteó sin dificultad la muralla que, impertérrita, resguarda los cuerpos de nuestros antepasados. Cuando yo logré entrar ya no estabas, era como si te hubiese tragado la tierra, y aunque ahora que estás a mi lado lo recuerdo con una sonrisa en el rostro, debo admitir que esa noche sentí un terror tan profundo que mi mente no alcanzó el reposo sino hasta que la luna no completó un ciclo.
Pero era mi amor tan profundo, tan sublime, que no podía dejar que el miedo contuviera mis piernas. Fue la fuerza de Eros la que impulsó mis piernas para que pudiera seguirte hasta lo más profundo del cementerio, recorrías laberínticos senderos siempre al abrigo de las sombras. Cuando al fin te detuviste frente a una tumba y comenzaste a cavar, mis ojos no daban crédito a tus acciones, pero te observé con cautela, mi curiosidad era casi tan fuerte como el amor que por ti siento. Esa noche te vi desenterrar el cuerpo. La escasa luz de la luna confería a ese cuerpo frágil, lleno de tierra, un aspecto natural, parecía que entre tus brazos se llenara de vida.
Y te vi cada noche repetir el mismo ritual. Llegar al cementerio, desenterrar el cuerpo, limpiar cada centímetro con tus besos apasionados, yacer a su lado, y unas horas antes del amanecer, volver a enterrarlo y dejar todo como si nada hubiera pasado. Debo confesarte que los celos mórbidos que me invadían eran opacados por el placer de la contemplación de la escena. Ver tu cuerpo desnudo a lado del suyo me hacía rabiar de coraje y suspirar de ternura. No podía entenderte, no comprendía por qué huías de los vivos para refugiarte con un cadáver putrefacto, me resultaba imposible en ese entonces entender por qué profesabas tal cariño, tal dedicación, a ese cuerpo que, lo único que tenía de vivo, eran los gusanos que pululaban cada noche en mayor cantidad.
Sí, es cierto, fui yo quien te delató. Ahora me siento avergonzado de admitirlo, pero es la verdad. Los celos que sentí fueron tan poderosos que ya no pude soportar más ese espectáculo grotesco. Por eso reuní a toda la aldea, les conté lo que estaba pasando, y marché junto con todos ellos hasta el cementerio, donde las luces rutilantes de las antorchas sorprendieron dos cuerpos desnudos que yacían en la tierra. Tus ojos, heridos por la luminosidad repentina, no pudieron contemplar lo que pasaba. El alcalde asestó el primer golpe, aquel que te dejó sin aire. Los golpes te llovían por todas partes y tú sólo intentabas cubrir tu rostro con tus manos. Yo me encontraba en un estado de furor inexplicable, fue como si mi cuerpo actuara sin mi consentimiento cuando me acerqué y te así de tu cabellera azabache y con una fuerza sobrehumana me quedé con un rizo como un recuerdo de aquella madrugada lúgubre.
Jamás volvería a levantar la mano contra ti, fue sólo una noche de pasión que no pude contener, pero no volverá a pasar. Ahora entiendo tu amor tan puro, tan casto, tan sublime. No sé qué hice pare merecer tanta ternura, gracias por quedarte a mi lado a pesar de mis errores. No tengas miedo, todo estará bien ahora. Todos cometemos errores, pero también aprendemos de ellos. Tu error fue repetir ese extraño ritual noche tras noche, era demasiado trabajo el desenterrar y enterrar un cadáver amparada únicamente por la tácita luna. Pero no cometeremos el mismo error, aquí con tu cuerpo fuera del sepulcro, lejos de las miradas mordaces de aldeanos ignorantes –porque ellos no entienden el amor verdadero–, podremos amarnos eternamente.

jueves, 7 de agosto de 2014

El acoso no es violencia

La reunión a la que asististe terminó mucho más tarde de lo esperado. La media noche se acerca con paso vertiginoso, así que debes apresurar el paso para alcanzar el último vagón del metro que te lleve a casa, de lo contrario deberás pagar un taxi que te cobrará mucho más caro de lo normal y sabes que tu bolsillo no puede permitirse ahora ese lujo.

Al descender a los intrincados túneles del tren subterráneo comienzas a sentir un ligero mareo debido al exceso de cerveza que estuviste bebiendo desde antes que la noche comenzara y, junto con él, crece esa sensación de alegría y buen humor. ¡Fue una velada muy agradable! Te dices para tus adentros.

Pero tus pensamientos se ven interrumpidos debido al constante y apresurado sonido de unos tacones que golpean el piso detrás de ti y se aproximan a una velocidad considerable. Vuelves la vista y te encuentras con una linda muchacha. Lo primero de lo que te percatas es de los botines negros que borraron tu pensamiento anterior para sustituirlo por uno nuevo y, al parecer, más agradable: unas hermosas piernas enfundadas por unas medias casi transparentes, medio ocultas por un vestido negro no muy largo, pero tampoco excesivamente corto (como te hubiera gustado a ti). Tu mirada va subiendo lentamente: lindas caderas, lindos senos, cabello largo, cara agradable. Finalmente tus ojos lascivos se encuentran con su mirada, más tímida, menos deseosa, dirías más bien que casi nerviosa.

Por el atuendo que porta parece que va saliendo de una oficina. Aunque por la hora que es, lo único que se te ocurre pensar es que seguramente se quedó hasta tarde con el jefe buscando conseguir un aumento. Seguramente, piensas, es una chica fácil, y la verdad es que, ya vista de cerca, está bastante buena. Cuando por fin pasa frente a ti lo único que se te ocurre decir es “¿a dónde tan solita, guapa? No te vayan a robar”. Ves como ella trata de acelerar el paso y tú la sigues primero con los ojos disfrutando del espectáculo de su trasero contoneándose con nerviosismo; luego con los pies, porque tú también debes apresurarte para alcanzar el metro.

Cuando dobla en una esquina pierdes de vista al “bon-bon” que te saboreabas en tus pensamientos aunque aún escuchas el sonido de sus pasos, cada vez más apagados. “Pinche vieja güila. Sola, en la noche, de seguro ha de ser una prosti de lujo”, piensas. “Yo sí le hubiera pagado si me hubiera dicho cuanto”. Luego sonríes y sigues caminando lo más rápido que puedes.

Al llegar al anden ves que el metro ya está ahí detenido. Escuchas el timbre de la puerta y te apresuras a entrar en el vagón que te queda más cerca. Las puertas se cierran detrás de ti. Para tu sorpresa te das cuenta de que la hermosa mujer de vestido negro está frente a ti, sentada. El asiento frente a ella va vacío y decides ocuparlo. Sólo hay un pasajero más aparte de ustedes. Tú tratas de escrutar con la mirada lo que ella parece guardar con mucho afán juntando las rodillas y poniendo ambas manos en su regazo.

El tren se detiene en la siguiente estación. El pasajero que viajaba con ustedes sale y se quedan solos. Ella cruza las piernas y tú puedes distinguir un muslo muy bien formado, casi escultural. “Ya sabía yo que ésta es de las fáciles, nada más vio la oportunidad y luego luego me enseña las piernas”, piensas. Ella te mira con nerviosismo y luego baja la mirada, tratando de esquivar tus ojos. “¿Qué onda, guapa, no te vienes conmigo?” le dices. Ves su rostro y te parece que ella te sonríe. “Te vas a divertir, ¿qué no?” Vuelves a insistir. Ella parece ignorarte, pero tú estás seguro de que sonríe y que su cruce de piernas se vuelve más amplio, dejándote casi ver la nalga.

Estás tan entretenido viéndole las piernas que cuando el tren abre sus puertas en la siguiente estación tú no te percatas de nada. Apenas adviertes que se cerrarán las puertas por el timbre que lo anuncia. Si siguen solos o hay alguien más con ustedes es algo que ni sabes ni te interesa, lo único que ves con atención, casi como hipnotizado, son las esculturales piernas de la chica del vestido negro.

De pronto ella vuelve a sentarse con las rodillas juntas. Ese movimiento te devuelve a tu realidad. Te das cuenta de que la muchacha mira al piso, y hace ciertos ademanes con las manos, como si quisiera levantarse y no se atreviera. Al observar a tu alrededor te das cuenta de que casi has llegado a la estación en la que te tienes que bajar. Intentas ver por última vez lo más profundo de la falda de la muchacha, luego te levantas de tu asiento y te paras mirando hacia afuera. Mientras esperas que el tren llegue a tu destino comienzas a fantasear con la linda muchacha que ahora está detrás de ti.

El tren llega a la estación. Antes de que las puertas se abran tú sientes una presencia detrás de ti. Una mano te abraza y y te toca con suavidad, primero el abdomen, luego el pecho. Ni siquiera notaste cuando se levantó y se puso detrás de ti, pero comienzas a sonreír y le dices: “ya sabía que te ibas a animar”. Bajas la mirada para ver la mano. Es una mano fina, muy cuidada (aunque te parece ser un tanto grande), tiene las uñas pintadas de morado. Te parece muy curioso que no te habías percatado de ese detalle hasta ahora. Baja hasta tus piernas cuando la puerta se abre, debes bajar, pero no quieres perderte esa oportunidad, así que decides quedarte quieto y ver cómo se desenvuelve la situación.

Suena el timbre de la puerta. La mano comienza a rozar tu entrepierna y, con una maestría casi inverosímil, desabrocha tus pantalones que caen al piso justo en el momento que la puerta se cierra.


Sientes primero como te desprenden de tu ropa interior, inmediatamente después sientes una fina y fría hoja de metal rozando tu cuello. Cuando el tren comienza a avanzar lo último que alcanzas a ver por la ventanilla es a la linda muchacha del vestido negro caminando apresurada y nerviosamente hacia el túnel de salida.

jueves, 17 de abril de 2014

Circulando por Eduardo Molina

¿Conocen la avenida Eduardo Molina? Hace algunos años yo solía circular muy frecuentemente por ahí, y en todo ese tiempo jamás encontré un congestionamiento vehicular digno de mención, ni siquiera en horas pico. Resulta que el día de ayer, recordando viejos tiempos, se me ocurrió que sería buena idea, para ahorrarme el tráfico de Insurgentes o de la Avenida Central, viajar por Eduardo Molina. Cual sería mi sorpresa al encontrarme una avenida llena de autos, por la que mi tiempo de viaje sería igual o mayor que por las susodichas vías que pretendía evitar.

¿A qué se debía tal congestionamiento? Al parecer a un ingenioso ingeniero (con cacofonía y todo) se le ocurrió que sería buena idea poner un carril del metrobus sobre esa avenida, reduciendo una vía de cuatro carriles a sólo tres; pero aún hay más, no sé si al mismo señor, o a uno diferente, se le ocurrió la genial idea de poner un carril para bicicletas, quedando una avenida de tan sólo dos carriles con un tránsito lento y tedioso como en el resto de la ciudad.

Ahora, yo no estoy en contra del uso de la bicicleta y alternativas más ecológicas que los vehículos de combustión interna. Por eso era mi pregunta inicial: ¿conocen la avenida Eduardo Molina? Para los que la conozcan sabrán que dicha vía cuenta con un enorme camellón lleno de árboles, y caminos por los que suelen conducir los ciclistas sin riesgo alguno. En mi recorrido de ayer ¿saben cuántos ciclistas vi por el carril para bicicletas? Cero. ¿Cuántos circulando por el camellón? Al menos cinco. Eso me hizo pensar que hay algo mal planeado en las soluciones para el transporte público en la ciudad de México.

Pero ¿qué es lo que está pasando realmente? La opinión de un humilde ciudadano es que todo está mal, desde la raíz. Tenemos legislando a un grupo de individuos, afiliados a un partido político, que votan sobre las decisiones que competen a millones de personas, sin tener la más mínima idea de la problemática a la que se enfrentan. Tenemos ingenieros legislando sobre educación, abogados sobre salud, licenciados sobre vialidades y especialistas sobre nada. Yo no dudo que hay gente muy bien intencionada tratando de proponer leyes, pero al parecer siempre termina ganando el interés del partido, ni siquiera la del individuo. Y es que ¿cómo puede decidir lo que es mejor para un país si no conoce las necesidades de ese país?

¿Cómo puede decir qué necesita el transporte público quien no viaja en él? ¿Cómo puede decir qué le falta a la educación pública quien se educa en instituciones privadas o fuera del país? ¿Cómo puede fijar el salario mínimo y decir que alcanza para vivir dignamente quien percibe él solo la cantidad suficiente para mantener a 50 personas? En fin, lo que yo creo es que México no es Carlos Slim, y que no podemos tener como legisladores a quienes sólo se preocupan por los intereses de los grandes empresarios. Todos ellos dicen estar comprometidos con México, y la verdad es que sí les creo, pero sólo por una parte de México, sólo por la gran industria mexicana y nada más. Pero ¿qué se puede hacer para cambiar las cosas?

Y no es que idolatre al señor López Obrador, pero su propuesta de reducir el salario a los altos funcionarios públicos me pareció muy acertada, pero no sólo eso. Creo que quien me diga que está realmente comprometido por los intereses de su país tiene que demostrarlo. Son “funcionarios públicos”, o sea que funcionan para el pueblo. En pocas palabras, las leyes deberían obligar a los funcionarios públicos a viajar en transporte público, ganar el salario mínimo (instituido por ellos mismos), educarse, ellos o sus hijos, en escuelas públicas, vivir en casas de interés social o en colonias marginadas, conocer la vida del promedio de los mexicanos para poder saber cuáles son sus auténticas necesidades, y no las que ellos se imaginan. Porque sí, es muy bonito decir “voy a hacer una cruzada nacional contra el hambre” siempre y cuando no afecte lo que llega a mi mesa ¿no?

Y por último, yo creo que en la cámara de senadores y de diputados, no deberían dejar opinar sobre cuestiones legales a quienes no fueran especialistas en el tema. Los médicos legislan en el sector salud, los pedagogos y profesores en la educación, los ingenieros civiles en vialidad, etc. A más, el gobierno no debería mantener partidos políticos. Siempre anuncian por los medios de comunicación masiva sus intenciones de tener un México “incluyente y plural”, ¡Claro! Incluyente y plural con cinco partidos políticos con ideologías muy semejantes. ¿Cómo pretenden que cinco ideologías (en caso de que fueran realmente diferentes) sean las que se apliquen para más de cien millones de mexicanos? ¿Acaso sólo hay cinco tipos de personas entre tantos millones?


Pero vivimos en el país del absurdo total, es como vivir en una obra surrealista… y seguimos creyendo que “ahora sí vamos a avanzar”. Ya lo decía el maestro Chava Flores: “a qué le tiras cuando sueñas, mexicano”. Sigo soñando…

jueves, 25 de julio de 2013

Los frutos de la belleza

Ella no era fea. Tenía un buen cuerpo labrado por un arduo trabajo en el campo, sus manos esculpidas por el azadón culminaban en unos dedos muy finos pero desgastados, con las uñas ennegrecidas por la sangre y la tierra; sus piernas eran fuertes, torneadas gracias a las largas caminatas, aunque sus pies no habían conocido jamás la bendición de unas suelas acolchonadas; sus caderas parecían un regalo hecho por los dioses, podría decirse que eran biológicamente aptas para la procreación; sus voluminosos pechos se veían oprimidos por una venda para evitar llamar la atención; sus greñas, sucias y enredadas, rara vez caían por debajo de sus hombros; su rostro, escondido bajo las capas de tierra adherida a la piel gracias al sudor, podía haber doblegado la voluntad de cualquiera que se atreviera a desenterrarlo. Pero sus ojos... tenía ojos profundos en los que es fácil perderse y no salir jamás.

Ángeles había visto correr ya poco más de veinte inviernos y había padecido la mala suerte de Psique, o al menos eso parecía. Huérfana de nacimiento tuvo que encontrar la manera de proveerse el sustento por sus propios medios. Jamás asistió a la escuela, nunca nadie reclamó algún parentesco o relación filial, no se le conoció nunca un pretendiente. La gente del pueblo huía de su presencia. No es que su aspecto desaliñado causara una impresión fuera de lo común, era más bien que el brillo de sus ojos causaba desconcierto e intranquilidad. La belleza de su mirada tenía algo que no les parecía humano y desconfiaban de ella. Nadie jamás la había visto sonreír.

Dormía en una casa abandonada en los límites del pueblo. Por la mañana cultivaba el maíz, por las noches cazaba tlacuaches y conejos. Dormía por las tardes. Alguna vez un niño curioso reunió a un grupo de valientes camaradas que lo acompañaron a espiar a la muchacha por la noche. La encontraron cerca de la media noche: greñuda, sucia y desollando un animal. La noticia se propagó rápidamente en el pueblo: “Tiene un pacto con el diablo y le sacrifica animales, por eso tiene esa mirada tan escalofriante, es una bruja”.

La intrépida hazaña de los infantes les ganó el mote de “los valientes” entre sus coetáneos, y también trajo una reclusión mayor para Ángeles, a quien ya no se atrevían ni siquiera a dirigirle un saludo. No es que realmente le extrañara, pero tal falta de contacto con otro ser humano fue aniquilando poco a poco su espíritu. “Los Valientes” se encargaron de hacer la historia de “la bruja Ángeles” cada vez mayor y las palabras llegaban a la muchacha arrastradas por el viento, pues jamás hubo alguien que se atreviera a acercarse a gritarle “bruja” en la cara.

Para Ángeles la vida transcurría igual que la de un animal. No había recibido jamás una muestra de afecto, de comprensión, de cariño. Sabía hablar, pero nadie hablaba con ella. Sin embargo, era capaz de entender las palabras, y su cerebro estaba tan agrietado que ya había perdido incluso la capacidad de llorar.

¿Por qué Ángeles jamás se fue del pueblo? La respuesta a esa pregunta podría ser tan mítica como las respuestas a tantas preguntas que la gente se hacía: ¿Cómo sobrevivió sus primeros años de vida? ¿Quién le enseñó a cultivar el maíz? ¿Cómo se proveía con las herramientas necesarias para trabajar la tierra? Son cosas que nadie supo responder, y en su momento le atribuyeron tal obra a Satanás.

Tal vez jamás pensó que podía ir a otro lado, tal vez nunca imaginó que fuera de ahí las cosas podían ser diferentes. Lo cierto es que una noche salió de la casa abandonada con el cuerpo totalmente desnudo. Caminó con paso firme con una cuerda en la mano, buscó un árbol que le pareció apropiado, hizo un nudo alrededor de su cuello y puso fin a su vida.

Sucedió, sin embargo, un fenómeno curioso. Mientras la cuerda alrededor de su cuello cortaba el flujo de aire y le iba coartando la vida, Ángeles experimentó un gran alivio al sentir que abandonaba la vida y finalmente sonrió. Sus músculos tensos, ya sin vida, conservaron el cadáver sonriente de aquella mujer hermosa. A la mañana siguiente, cuando los primeros pobladores encontraron el cuerpo pendiente de un árbol pudieron contemplar su maravillosa sonrisa. Sus ojos, con la mirada fija, irradiaban todavía un hálito vital que sorprendió a todos. Estaban parados ante una auténtica obra de arte. Se escuchó pronunciar a algún muchacho del pueblo “ella no era fea”.

Los pueblerinos comprendieron que tal belleza no podía proceder de Satanás, que ese era un milagro de Dios. El artista del pueblo inmortalizó aquella imagen en un lienzo, aunque el pudor lo obligó a vestir la imagen con un hermoso hábito de color rojo, que simbolizaba la sangre de la víctima. A pesar de que Ángeles había elegido un árbol seco, casi tétrico, el artista dibujó un árbol frondoso.

Ella de alguna manera comprendió que había algo de eterno en la muerte y no quiso pasar desapercibida. Eligió ese árbol seco, porque en lo más profundo de su ser comprendió que ella era semejante a aquel árbol: Estaba de pie, pero no tenía vida; y quiso mostrar eso a quien tuviera ojos para verlo.


La tradición del pueblo erigió una iglesia en honor de la Ángeles Mártir, que murió colgada al defender fervientemente el cristianismo. Tuvo una vida de total entrega a Dios y vivió siempre para ayudar a su prójimo. El árbol en el que murió se cubrió de flores, fue una manifestación divina de la entrada de Ángeles a las puertas del cielo. El árbol da los frutos más dulces y más jugosos de todo el pueblo, sin embargo es una fruta sagrada y nadie debe comerla, pues esos frutos solo se ofrecen a Dios.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Apología



Francisco Cervantes de Salazar, en su obra Tres diálogos latinos, en voz de los interlocutores toca un tema que, desde mi punto de vista, sigue siendo actual. El diálogo La Universidad de México trata básicamente sobre la conversación que sostiene Mesa con Gutiérrez. El primero natural de México, el segundo recién llegado de España. Gutiérrez está muy interesado en saber la manera en que se maneja la Universidad en México, trayendo consigo toda su experiencia en cuanto a la organización de las universidades de España, en especial la de Salamanca;  entre todas las cosas que le causan curiosidad pone especial énfasis en el salario de los profesores.

La opinión de Gutiérrez es que hay que aumentarles el sueldo a los profesores, y pagarles tanto como el estado sea capaz de solventar, pues es importante que su trabajo sea valorado justamente, pues de ellos depende la formación de las generaciones de intelectuales que, posteriormente, serán el basamento cultural, social y económico de todo el país. Dentro de este diálogo, se puede inferir fácilmente que los profesores de la universidad se tenían en alta estima, que ser profesor era todo un honor y un orgullo, y que no cualquiera podía ser profesor. Se necesitaba un alto nivel de conocimiento, un dominio total de la materia y un renombre para poder impartir una cátedra, pues en ese tiempo las cátedras se impartían sólo por los mejores.

Actualmente el oficio del profesor se ha visto desvirtuado tantas veces. El estado ya no está interesado en pagar las cátedras impartidas por los mejores profesores. Al contrario, parece que al país le interesa mal pagar a los catedráticos para que éstos busquen impartir su conocimiento en otro país. El valor que se le da a esta profesión está tan devaluado, que quienes poseen el conocimiento prefieren invertirlo en “la industria” antes que en la docencia, y al aula sólo llegan aquellos que, por azares del destino, no pudieron encontrar una forma más “decente” de sobrevivir en este mundo globalizado. De esta manera la educación en el país va decayendo como un avión que, tras perder la fuerza del motor, vuela en picada precipitándose vertiginosamente haca el suelo.

Un país sin educación es un país sin cultura, sin una economía estable, sin un crecimiento sustentable, sin una visión, sin una misión. En fin, un país sin educación es un país sin futuro. Y tal parece que al gobierno le interesa que su gente no esté educada. Tal vez porque la gente inculta no reclama y así los dirigentes del pueblo pueden abusar a su gusto y explotar a sus subordinados cuanto les plazca. Tal vez sea porque un pueblo dormido es más fácil de gobernar. Tal vez sea por negligencia, pues no alcanzan a entrever que su codicia llevará a todo un pueblo a su perdición, o tal vez sí se den cuenta y no les importe. Como quiera que sea, estamos educando una raza de zombis cuyo interés no va más allá del soccer y el dinero. Las matemáticas, la filosofía, la física, la química, la literatura, se han ido perdiendo en textos mal escritos de 140 caracteres.

El gremio de la educación muere de hambre, o vive teniendo a penas lo indispensable, mientras su entusiasmo, sus fuerzas, sus ganas de ver un mejor país se van viendo mermadas día con día, lidiando con grupos gigantescos de muchachos que vuelven sus sueños más sombríos; por otro lado una “mujer” –si es que así se le puede llamar– que se nombra a sí misma la cabeza del gremio va aumentando las tallas de su cintura. Quien puede escapar a todo esto, porque tiene los recursos, recursos que generalmente han sacado del mismo país lleno de gente inculta que les proporciona más y más recursos, buscan adquirir los conocimientos fuera de su propio país. Porque si a los principales afectados no les interesa ¿a quién le va a importar?

Cervantes de Salazar nos deja ver un México que está orgulloso de su universidad, orgulloso de sus catedráticos, orgulloso de sus alumnos que se esfuerzan arduamente por obtener conocimiento. La historia nos muestra que ese México, un país naciente, que apenas comenzaba a gatear, que aún no terminaba de reponerse de la conquista, era un México pujante, con ganas de mostrarle al mundo que, aunque estaba dando sus primeros pasos, los estaba dando hacia el frente. ¿Cuándo se convirtió en héroe quien patea un balón y se comenzó a despreciar al que escribe un libro? ¿Desde cuándo sesenta pulgadas de plasma atraen más miradas que el aula de la universidad?

Podríamos volver la mirada hacia ese México que quería avanzar. Deberíamos volver a valorar a nuestros catedráticos, y empeñarnos en hacer de la educación la principal preocupación de nuestro país. Voltear la vista y ver que por un momento nuestra universidad fue la cabeza intelectual de toda América. Y con ello no estoy sugiriendo dar vuelta atrás, sino mirar hacia atrás para retomar el rumbo antes de seguir dando pasos hacia adelante. Sólo la educación nos ayudará a ver hacia adelante, para que dejemos de caminar en círculos. Un profesor puede tener muchos sueños visionarios, pero con los bolsillos vacíos, y la falta de materia prima de calidad, los sueños no tardan mucho antes de convertirse en pesadillas.

viernes, 8 de junio de 2012

Movimiento ciudadano

En alguna colonia de Iztapalapa hace algún tiempo comenzó a surgir un movimiento ciudadano que no tuvo una gran repercusión, de hecho se olvidó pronto, tan pronto que mucha gente ni siquiera se enteró de su existencia.

Todo comenzó cuando un señor –quien rondaba ya los 35 años–, cansado de los constantes asaltos y demás actos ilícitos cometidos en su colonia, harto ya de quejarse ante la policía y no obtener ningún resultado, decidió hacer algo al respecto. Sin pensarlo mucho se reunió con algunos amigos de la misma localidad y decidieron formar una patrulla civil de vigilancia continua. Al principio era un proyecto sencillo, se instalaron algunas cámaras en secreto y se hizo una red de video que era vigilada las 24 horas por los 15 o 20 participantes del proyecto. Al detectar a alguien sospechoso, o ver algún asalto, robo de automóviles, pelea callejera o lo que fuera procedían a llamar a la policía. Esta tardaba unos 20 minutos en llegar y entonces todo seguía como si nada.

Al ver que su patrulla vigilante no estaba dando ningún resultado favorable, procedieron a conseguir algunas armas. Todo se manejaba en secreto y buscaron ser completamente discretos, algo que, con una excelente organización, lograron. Detectaban a los maleantes a través de sus cámaras ocultas, y desde alguna posición ventajosa les disparaban a matar, sin que hubiera testigos, o evidencia alguna que los inculpara. El hecho dio mucho material a los periódicos amarillistas que gastaban todo su ingenio en nuevos encabezados como “Se echaron otro en Iztapalapa” o “Aparece otro muerto”.

Como un muerto no era nada del otro mundo, la gente común no sospechaba absolutamente nada. Para ellos la vida seguía sin alteraciones. Realmente no se percataban de que la delincuencia había disminuido drásticamente en esa colonia. Simplemente llegaban a sus casas, temerosos como siempre, salían de sus casas igualmente temerosos. Quizá ni siquiera se daban cuenta de que ya ningún vecino se había quejado de que le hubieran robado su celular. Ya no era tan frecuente escuchar “secuestraron al vecino del 32” o “le quitaron su carro a la del 70 mientras lo estacionaba”. Sin embargo el leer en los periódicos que se encontraban nuevos muertos casi cada semana en su colonia, los hacía pensar que podían ser los próximos, porque realmente no sabían de dónde eran esos muertos o por que los habían matado.

Los que sí se dieron cuenta de inmediato que algo estaba mal fueron los maleantes. Sufrieron grandes bajas en sus filas, tampoco se registraban las ganancias habituales. Comenzaron a movilizarse, pero la patrulla vigilante era en verdad muy discreta, así que los delincuentes realmente comenzaron a temer. Ya no querían entrar a esa colonia porque sabían que era peligroso “trabajar” ahí. Lo de menos hubiera sido simplemente dejar a esa colonia libre de delincuencia y mudarse a alguna otra, pero su preocupación iba más allá. Ellos sabían que no era la policía, porque estos, con algunas mordidas, los dejaban actuar libremente. Su preocupación era el “¿Qué tal si se enteran en otras colonias lo que está pasando y nos van cerrando el paso hasta exterminarnos a todos?” Por ello no tardaron en quejarse ante las autoridades.

La policía, al enterarse de lo que estaba pasando, decidió que debían actuar. No podían dejar suelto por esa colonia a un asesino serial, se consideraba peligroso y era importante acabar con él cuanto antes. Así que policías y ladrones actuaron en conjunto. Llamaron a las fuerzas especiales, los policías, disfrazados de ladrones, se metieron a “asaltar” a la colonia. Obviamente con un grupo tan especializado no tardaron prácticamente nada en descubrir el movimiento y erradicarlo por completo.

Los que integraban la pequeña patrulla de vigilancia desaparecieron misteriosamente, jamás se volvió a saber de ellos. En aquella colonia se terminaron los cadáveres semanales y se volvió a los asaltos habituales y no se ha vuelto a saber de otro intento de movimiento ciudadano, ni ahí ni en otra parte de la ciudad.

lunes, 28 de febrero de 2011

Si es cremoso es baboso

¿Se han dado cuenta de lo tremendamente estúpidos que son la mayoría de los comerciales que transmiten por televisión? Digo, se supone que deben ser lo suficientemente llamativos pero ¿por qué deben hacerlos tan ilógicos, incoherentes y tontos? Sé que siempre ha habido y habrá malos publicistas, aunque también los hay muy buenos, pero, vamos, últimamente tenemos una enorme abundancia de los primeros.

¿No están convencidos de mis palabras? Analicemos, pues, algunos de los más incoherentes. Por ejemplo, aquel que dice más o menos así: “¿Te has puesto a pensar que pasaría si pudiéramos detener el tiempo? Los besos durarían semanas, y esa luna llena sería para siempre…” Para comenzar, si detienes el tiempo no existiría la noción de semana, ni siquiera existiría un “para siempre”, porque el “siempre” implica justamente la duración perpetua ¡en el tiempo! Así que, creyendo que existe tal posibilidad, teniendo el tiempo detenido, un beso no puede durar semanas, el carácter durativo no existiría, no habría forma de determinar la duración de algo, porque sin tiempo no hay concepto de segundo, minuto, hora, día, etc.

Bueno, no se quieren meter en cuestiones físicas, veamos otro ejemplo entonces. “Ya llevamos DOS horas de novios y aún no has cambiado tu estado de soltero en Facebook… te da pena andar conmigo ¿verdad?” Dos horas… Este comercial no sé si refleja lo superficial de nuestra sociedad o trata de ejemplificar la idiotez de los seres humanos, como quiera que sea, esto sólo tomaría sentido tomando en cuenta la tontería del ejemplo anterior, porque dos horas durarían semanas.

Y ya que seguimos con anuncios de banda ancha móvil, que me dicen de aquel que está en dos partes. En la primera parte una chica como de 15 años está triste porque tiene frenos en los dientes y entonces nadie le va a hacer caso. Lo anterior me parece típico en el comportamiento de un adolescente y quizá hasta sea normal. Pero sigamos con el anuncio. La madre de la muchacha se conecta a internet y le sugiere que le mande una invitación (una vez más a Facebook, extraño no) para ser amigos al chico que le gusta. La niña lo hace y en el momento el muchacho saca un Black Berry (ya saben, todos los adolescentes llevan un teléfono con red 3G consigo) de su bolsillo y acepta la invitación. En la segunda parte el mismo muchacho va a la casa de la muchacha a hacer tarea “porque no tiene internet”. Puede pagar un plan de red 3G pero no tiene internet. ¡Genial! ¿No?

Y que me dicen de esas cancioncitas idiotas de “vamos a llamar el doble de tiempo…” o “soy ejecutivo, tengo un Smartphone” Por dios, eso es para retrasados mentales. Si gastan tanto dinero haciendo publicidad ¿por qué rayos no la hacen bien? O aquello de “El mejor lugar para trabajar es el que te gusta” porque obviamente todo tu trabajo consiste en entrar a internet y buscar a tus compañeras nuevas en Facebook (¿no les parece que ya mencioné esto tres veces?).

Los peores, creo yo, son esos comerciales de “si es cremoso es granoso, a ti te sirve pero a mí no…” o “tu maquillaje me sacó granos”. Para comenzar ponen a una niña malcriada gritándoles a sus padres, en segundo lugar ponen a unos padres con cara de arrepentimiento por lo que hicieron. Digo, unos padres que de verdad amaran a sus hijos les enseñarían a respetarse a sí mismos en lugar de estarse preocupando por un maldito grano. En segundo lugar nos están diciendo que la vida de nuestros jóvenes gira alrededor del susodicho grano. Además está comprobado por un psiquiatra profesional que el no sé qué porcentaje de los adolescentes con acné piensan en el suicidio. Y lo peor de todo, antes pasaban a un escuincle baboso con su cara de cacahuate garapiñado con una severa depresión porque sus padres se preocupaban más por el dinero que por ver por el bienestar de su hijo. Pero ahora no, ahora todos los anuncios son de muchachas también con cara de cacahuate garapiñado. O sea que el mercado ha pasado a ser exclusivo de las mujeres porque las mujeres son más cabezas huecas que los hombres ¿no?

Ah, pero también están aquellos anuncios que dicen que los hombres piensan con las axilas. El transpirar por las axilas les impide pensar bien, supongo que es porque el sudor empaña los pensamientos. O aquel que “no es lo mismo festejar sin levantar los brazos…” por dios no tiene sentido. Pero eso sí, los hombres que piensan con el sobaco consiguen a las mujeres más atractivas. Yo supongo que lo anterior se debe a que una mujer cabeza hueca que en su adolescencia usó maquillaje contra las imperfecciones “complementa en sentido contrario” a un hombre que piensa con las axilas secas.

Hay alguna publicidad que no es precisamente mala como aquella de “por los que se hicieron fama y se echaron a dormir” aunque, en lo personal, jamás he entendido que tiene que ver el alcohol con el tema. Simplemente no tiene sentido.

Y los anuncios del gobierno son de lo peor que existe, ahora, además, incluyen subtítulos para que puedas leer lo que dicen…

No entiendo por qué los anuncios deben ser tan tontos. ¿Acaso están pensados sólo para llamar la atención de la gente tonta…? Olvídenlo, creo que ya tengo la respuesta.

jueves, 3 de febrero de 2011

La despedida. El final

Caminamos en silencio durante un largo rato. El silencio se iba tornando cada vez más incómodo con forme avanzaba el tiempo. Yo me sentía molesto, todo me molestaba. “Se está nublando” dijo ella. Su voz me irritaba, no podía soportarla. ¿A qué había venido? ¿Por qué caminaba conmigo? Yo la miré con desprecio, ella se percataba de mi febril estado, yo lo sabía, pero dentro de su alma, un alma buena, quería ayudarme… no sabía que no se puede ayudar a quien está completamente extraviado.

“Pronto lloverá” volvió a decir. Su voz desgarraba el silencio y yo la odiaba por eso. Seguí caminando sin decir nada, con la mirada clavada en el suelo, como si quisiera encontrar el camino que desciende al infierno. Sí, eso era lo que deseaba. Ella me seguía, no se apartaba de mi lado. En el cielo resonó un trueno que anunciaba la pronta llegada de la lluvia. Eso me alegró, yo podría caminar bajo la lluvia esperando que un rayo terminara con mi existencia con la única esperanza de que ella buscara un refugio para resguardarse de la lluvia.

Sentí la primera gota mojar mi cabello. Levanté la mirada hacia ella y la vi con una sonrisa malévola, incluso cruel. No dije nada. Caminamos hasta refugiarnos bajo un techo. Ella temblaba de frío. Se quedó parada, inmóvil bajo el techo. Yo di media vuelta y me dispuse a caminar. “Espera…” gritó ella al tiempo que me sujetaba de un brazo. Las lágrimas comenzaron a dibujarse en su rostro. Yo la miré con verdadero desprecio. Odiaba profundamente su llanto, odiaba sus manos tratando de aferrarse a mí, pero lo que más odiaba es que sus lágrimas no fueran de tristeza, sino de pena, de misericordia, de… lástima, tal vez. ¿Qué creía, que me hacía un favor, que mi corazón se ablandaría sólo por sus estúpidas lágrimas?

No. Yo era un ser vil y desgraciado, incluso cruel pero sumamente orgulloso, soberbio y altanero. Así que sin decir una sola palabra me desembaracé de sus manos y comencé a caminar bajo la lluvia, ella se quedó atrás, mirándome partir, mientras yo explotaba en una frenética y maniática carcajada que se opacaba con el estruendo de los truenos celestes.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La compasión, el peor de los pecados

La vida está sobrevaluada.

Sí, sé que mi afirmación resultará algo incómoda o agresiva, sobre todo a ciertos oídos sensibles de personas mojigatas. Sin embargo, permítanme tratar de explicar mi aseveración y se darán cuenta que no exagero en ella, aunque sí sea algo poco grato para la mayoría del género humano.

Ahora, permítaseme (nótese la composición arcáica del verbo) ampliar mi afirmación para esclarecerla: "La vida humana está sobrevaluada". Todo el tiempo nos quejamos de la injusticia, de la sobrepoblación, de la basura, de la criminalidad, de la venta de drogas. Claro, son problemas que a todos nos molestan pero... nosotros mismos los provocamos.

Bajo las premisas de "todos somos iguales" y "como seres humanos tenemos todos los mismos derechos" nos cometemos injusticia a nosotros mismos. En primer lugar es una injusticia afirmar que todos somos iguales. Sí, sé que ante los ojos de Dios lo somos, pero Dios es el más injusto de todos, pues paga con la misma moneda a quien ha trabajado doce horas que a quien sólo trabajó veinte minutos. Eso no es justicia. Los derechos humanos deberían proteger a los humanos, no defender a tantas personas inhumanas. Si en las cárceles los criminales viven como reyes, es porque "tiene derechos", aunque en realidad deberían haber perdido esos "derechos humanos" al no comportarse como humanos.

¿Por qué vale tanto la vida de alguien que quiere suicidarse? ¡Porque toda vida es hermosa! dirán, y hasta cierto punto concuerdo con ello, toda vida es hermosa, igual lo es la vida de un árbol, de una araña, de una rata... pero claro, la rata debe morir porque nos resulta incómoda para poder vivir en una ciudad limpia, las ratas son animales mugrosos que no deben vivir cerca de los humanos porque pueden acarrear enfermedades a las personas sanas pero... los suicidas también. Ellos acarrean enfermedades a la sociedad, ¿por qué salvarlos a ellos y no a las ratas?

¿Por qué obligar a vivir a quien no encuentra razón de ser en esta vida? ¿Por qué condenar la muerte? ¿Es que tanto nos aterra que no podemos verla ni siquiera en alguien más? ¿Por qué nos empeñamos en conservar cosas que no valen la pena? Aquí, en nuestro país, ni siquiera se le permite morir a aquel que sufre demasiado y sabe que su dolor no se detendrá hasta el momento que muera, sin embargo, se ve obliga a vivir (y a sufrir) más de lo natural.

No cabe la menor duda que Sartre tenía razón cuando aseguró que el infierno son los otros. Viva quien de verdad merece vivir ¿quién juzga eso? Uno mismo. La "Nausea" sólo acarrea seres inconformes, seres que no quieren nada, que están aquí más por fuerza "moral" que por una verdadera voluntad. Ni siquiera tienen rencor o sed de venganza, porque incluso eso, es una voluntad de vivir, y a veces suele ser más fuerte que cualquier otra. No, sólo tienen esa "Nausea", ese hastío... ¿qué los mantiene vivos? Nosotros, y nada ni nadie más que nosotros...

viernes, 10 de septiembre de 2010

Golem

-Maestro, ¿de verdad es posible crear a través de la palabra?

-Naturalmente, aunque no precisamente crear, sino invocar los poderes divinos al encontrar la palabra adecuada... por ejemplo, si encuentras la palabra divina que designa al viento, entonces con tan sólo pronunciarla podrás someter a tu voluntad a los cuatro vientos.

El alumno escuchaba con atención para no perder ningún detalle. Estaba seguro que podría lograr algún día encontrar las palabras divinas para someter a la naturaleza. Aquella noche no durmió, se quedó pensando la manera de encontrar las palabras. Número, letras y sílabas era todo lo que sus ambiciosos ojos podían ver.

-Maestro, entiendo que pueda una cosa ser sometida si se le pronuncia en lengua divina. Pero tengo aún otra pregunta. Si encuentro la palabra divina para "mal" o "maldad" ¿entonces El Mal se me someterá y podré erradicarlo del mundo?

-Así es. Podrías erradicarlo o utilizarlo si lograras encontrar semejante palabra. Pero la lengua divina proviene de El Señor, no existe, pues, tal vocablo en lengua divina.

-Pero maestro, si El Señor hiso todo con la palabra, el mal también debió surgir a través de ella, y entonces quien descubriera la palabra podría someter al Mal a su voluntad.

-Mi muy querido discípulo -respondió el maestro,- aparta ese tipo de pensamientos de tu cabeza, porque con ello no haces más que asegurar tu camino a la perdición...

El discípulo guardó silencio, pero meditaba en su corazón todas aquellas cuestiones que lo carcomían por dentro mientras buscaba la Verdad, su verdad.

-Maestro, y si encuentro la palabra "bien", ¿podría someter al Bien a mi voluntad?

-Hijo mío, no necesitas encontrar la palabra para hacer el bien, puedes hacerlo todos los días.

-Maestro -volvió a insistir- ¿y Dios, qué pasa si encuentro la palabra Dios?

El maestro lo vio con ojos de infinita ternura, como un padre contempla a su hijo. Antes de contestar tomó la traducción que juntos estaban haciendo, la cerró, le entregó los apuntes a su discípulo y luego añadió:

-Muchos han intentado encontrar el nombre de Dios, pero no lo han logrado. Quien pueda hacerlo podrá contemplar a Dios en todo su esplendor. Entonces vendrá una era de paz y prosperidad para nuestro pueblo y ya no tendremos que volver a huir jamás.

El muchacho lo miró entusiasmado. Sus ojos birllaban ávidamente, sus manos comenzaron a sudar, guardó silencio un poco rato, luego, ya sin poderse contener, dijo:

-Maestro, yo sé cual es la palabra, yo la he descifrado, yo sé como se dice Dios en lengua divina.

-Hijo, si tú tuvieras semejante respuesta podrías salvar a nuestro pueblo- Le respondió el anciano, como quien quiere alentar a alguien que de antemano sabe que fracasará.

-Durante muchos años, maestro, he estudiado la Cábala, siguiendo sus enseñanzas al punto. Y estoy convencido, descubrí una palabra en lengua divina.

El muchacho se paró derecho, tomo aire varias veces, y de la manera más solemne posible pronunció una palabra imposible de escribir.

De inmediato sintieron estremecer el suelo bajo sus pies, una enorme mole de tierra se acumuló frente a sus ojos, luego fue tomando forma humana poco a poco hasta quedar la bella figura acostada en el piso. Criatura divina, sorprendente de ver, grande, fuerte, hermosa. La criatura se incorporó y miró con terribles ojos a su invocador. Luego se le acercó, de un golpe con su poderosa mano lo derribó y se fue corriendo tan rápido como pudo. Maestro y discípulo quedaron estupefactos. El maestro se aproximó al derribado alumno para ayudarlo a incorporarse.

-Sin duda la secuencia es correcta, no por ello la palabra.

Corrieron en busca de la criatura, finalmente la encontraron sentado en el desierto mirando las estrellas. "Ven" dijo el muchacho, y la criatura manzamente obedeció. "Estoy cansado, quiero agua" dijo el joven, y la criatura buscó agua y se la llevó para que tomara. A partir de ese momento obedecía cada orden que el joven le daba.

-Creo, maestro, que nuestra criatura, pese a nuestra imagen y semejanza, es sumamente inferior a nosotros, pues está subordinado y obligado a la obediencia se su creador.

-Pero no puedo explicarme, hijo mío, por qué te golpeó a penas se había incorporado y trató de escapar.

-Maestro, usted es el maestro, sin embargo permítame presentarle mis conjeturas. Creo que nada más ser creado, fue su única oportunidad de escapar de mis ojos, pero fracasó. Ahora jamás podrá librarse del yugo de la obediencia, el amor y la beneración hacia quien le dio la vida.

-Sólo Dios da la vida, hijo mío...

-¿Y qué haremos con él? Tiene algo de divino, pero no es Dios... no podemos matarlo porque se parece a nosotros, pero tampoco es como nosotros...

-Solo nos queda dejar que viva, y que trate de hacer su vida como mejor le paresca...

viernes, 27 de agosto de 2010

Del amor al odio

"Y por amor al hombre soportó hasta la muerte y ¡una muerte de cruz!, por eso Dios lo ha glorificado, y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre"...

Mas el crucificado volvió de entre los muertos, y algún día regresará para juzgar a todos. Entonces algunos le dirán: "Maestro, no me recuerdas" pero él, con una sonrisa dibujada en su rostro, con sangre aún brotando de sus manos y su costado, y con un radiante brillo en sus ojos contestará: "yo te aseguro que no te conosco". Luego los echará a las tinieblas, donde será el llanto y la desesperación. Sin embargo, a los elegidos les dirá "acerquense benditos de mi padre" y su sed de justicia será saciada, verán el espectáculo del juicio final, el espectáculo que estaba preparado para ellos, esas personas que se despreciaron a sí mismas y a las cosas de la tierra, porque tenían la esperanza en Dios. Finalmente su esfuerzo se verá recompensado.

Ese singular pueblo de singulares ideas logró difundir su ideología al rededor de todo el mundo, dice Nietzsche, mirando recelosamente, esperando el momento de atacar, el momento de consumar su venganza, tergiversando los valores, poniendo de cabeza el orden social, despreciando a todo aquel que no pensara como ellos. "Amemos a nuestros prójimos" dictaba su sentencia. Pero el prójimo sólo es aquel que se somete a las leyes de su dios. "Quien quiera ser el primero, comience por servir a los demás". Sufrir una vida vale la pena por salvar el alma, por obtener vida eterna... "Amemos también a nuestros enemigos", claro siempre y cuando nuestros enemigos crean en el mismo Dios que nosotros, de lo contrario...

La humanidad pocas veces ha visto un odio tan encarnizado hacia otro ser de su propia especie. Sólo aquellos que castigan "en nombre de Dios" han tenido tanta falta de escrupulos al torturar a sus enemigos para hacerlos confesar. Pero todo fue por amor, pues más valía que su cuerpo sufriera tormentos, a que su alma los sufriera eternamente. Te torturo porque te amo. Ese amor que surge del resentimiento, ese amor que se satisface en el sufrimiento.

¿A donde podrá escapar la humanidad? El dia del juicio llegará para todos, "estén preparados porque no saben el día ni la hora". La lucha del bien contra el mal: Tú, sí tú, ¿perteneces al grupo de los elegidos?

Disculpe usted, señor evangelista, pero es que no alcanzo a comprender como puedo amar a su dios. Es un dios vengativo y totalitarista. Es un dios celoso e intolerante. Es un dios que necesita morir para dar vida. Y todos ustedes no son más que unos lambiscones que matan por amor, por ese mismo amor crucificaron a su dios. Por ese amor sienten ser buenos y tachan de malvados a aquellos que no pensamos como ustedes. Pero el amor no puede venir del resentimiento. No comprendo que de agradable tiene el dia de juicio, cuando serán torturados todos aquellos que no "amaban" y ustedes, quiense sí lo hacía, sentirán regocijo. Al menos eso dice Tomas.

"El hombre superior debe superarse a sí mismo". Pero el "Hombre Superior" no puede vivir rodeado de tanto odio disfrazado de amor, pues eso le desgarra el corazón. El "Hombre Superior" tampoco puede aferrarse al pasado, al glorioso pasado donde había hombres nobles, a la época clásica, donde uno no amaba a sus enemigos, ni los odiaba tampoco. Aquella época donde no existía el bien o el mal, sólo lo bueno y lo malo, que no es lo mismo. Mas esa sociedad también cayó, esa sociedad no era suficientemente fuerte para poder absorber en sí tanto odio disfrazado, y terminó también por odiar, por amar, y por amor comenzó a tolerar, a soportar, a sufrir.

El "Superhombre" no ha de vivir en este mundo. ¿Qué le puede importar la lucha eterna del bien y el mal? Él sabe de desprecio y de fuerza. Él, el eterno despreciador, ¿qué sabe el "Hombre Superior" de amor o de odio al prójimo? ¿Qué sabe de voluntad y de naturaleza? ¿Qué sabe de Dios? No sabe admirar, no sabe respetar. Sabe despreciar y sabe vivir.

Él desprecia la vida y la eternidad. El "Superhombre" sabe de la muerte, la conoce y la aprecia. Él se ama y se tiene en suficiente estima para abandonar la vida. No respeta la vida, porque conoce cual será su fin. No tiene vínculos o familia. Es un ser solitario... ¿Qué sabe de cadenas o esclavos? ¿Qué sabe de obediencia y sufrimiento? ¿Qué sabe de autosacrifico quin sólo se tiene a sí mismo? Aún falta mucho para la su llegada.

O tal vez tristemente se extinga la última chispa y Dios regrese para juzgar a vivos y muertos...

viernes, 13 de agosto de 2010

Sobre las personas que ceden el asiento

La ciudad de México es bastante caótica, desde cualquier punto de vista; las redes de transporte de la ciudad no son la excepción. La vida es ya bastánte difícil, como para todavía enfrentarnos a un sistema de transporte que tiene asientos reservados para personas que por su condición necesitan un lugar para sentarse al viajar, pero que la gente no lo respeta.

Así que generalmente va la señora embarazada o el anciano parados junto a un asiento reservado para ellos, ocupado por algún gañán que se hace el dormido para no levantarse.

Pero de todas estas personas, a las que más odio es a aquellas que sí ceden su asiento en las siguentes circunstancia: Van sentados en un lugar reservado. Llega una persona que amerita el lugar. El gañán lo mira y hace como si nada pasara. Luego, cuando está a punto de bajarse, amablemente llama a quien necesita el asiento y le dice "siéntese aquí, por favor". Y felizmente se baja del transporte creyendo que ha realizado su buena obra del día. El imbécil no tiene ningún mérito, puesto que él ya se iba a bajar, no está haciendo ningún favor, pero eso sí, su cara se nota ávida de gratitud.

Lo peor de todo es que la persona que por fin se puede sentar le agradece, como si de verdad le estuviera haciendo un favor: En primera, el idiota iba en un lugar reservado y era su obligación levantarse, en segunda está exigiendo gratitud por algo que era su obligación y que además no hizo. Así que la persona que sí requería del lugar, en lugar de agradécerle debería escupirle la cara.

Pero bueno, esto es México, celebremos el Bicentenario.